En enero de 2018, mis alumnos Émily García, Josselyn Rivera y Félix Andueza me compartieron el testimonio de Clara Isabel García Ruano sobre una experiencia que había vivido durante su infancia en San Vicente de Chitacaspi, en la provincia del Carchi.
Clara tenía siete años.
Una mañana salió con su hermana menor, Juanita, a recoger agua de una quebrada cercana. Para llegar hasta allí debían cruzar un viejo puente de madera construido sobre una acequia.
Juanita pasó primero.
Clara iba detrás.
Mientras cruzaba, perdió el equilibrio y cayó hacia la acequia.
Dos vecinos, Adán Chávez y Lauro Montalvo, que pasaban por el lugar, alcanzaron a sujetarla por los pies antes de que cayera al agua.
Después de aquel accidente, Clara comenzó a vivir una experiencia que nunca pudo explicar.
Por las noches, antes de dormir, veía una figura pequeña en el umbral de la puerta de su habitación.
Llevaba un sombrero grande de paja toquilla.
Clara recuerda el rostro pálido y los ojos azules.
Recuerda también que se reía.
Y que la llamaba por su nombre.
La figura le ofrecía pan y naranjas.
Cuando Clara se acercaba, veía que el pan era negro y seco. Según recuerda, tenía un olor que asociaba con el excremento de vaca.
Las naranjas tampoco olían como esperaba. Su olor le recordaba al de una planta que en el lugar conocían como payaca.
Aquello no ocurrió una sola vez.
La figura regresaba por las noches.
Clara comenzó a seguirla.
Su madre se dio cuenta y le advirtió que no lo hiciera.
Pero Clara siguió viéndola.
Preocupada por lo que su hija contaba, la madre decidió consultar al sacerdote del pueblo.
Él escuchó la historia y le dio su propia explicación. Pensaba que podía tratarse de un duende que se había encariñado con la niña y recomendó que Clara hiciera la Primera Comunión.
Su madre siguió el consejo.
La niña comenzó a prepararse y, tiempo después, recibió la Primera Comunión.
Desde entonces, Clara dejó de ver aquella figura.
Nunca volvió a verla.
Dorys Rueda, Historias de lo extraño, obra inédita.

