
Esta historia me la contó el poeta ecuatoriano Rubén Darío Buitrón, el 11 de septiembre de 2026. Ocurrió hace diez años, mientras viajaba con su esposa por la carretera hacia Cotacachi.
Era de noche y llovía.
El escritor conducía. A su lado iba su esposa. Conversaban, reían y disfrutaban del viaje. Estaban contentos porque pasarían el fin de semana en una hostería de Cotacachi, entre jardines, descanso y la gastronomía de la zona.
La lluvia los obligaba a avanzar con cuidado.
Al tomar una de las curvas, vieron a lo lejos a una mujer al borde de la carretera.
Estaba vestida de blanco.
La ropa y el cabello estaban empapados por la lluvia.
La mujer les hizo una señal para que se detuvieran.
Él levantó el pie del acelerador.
La escena le resultaba conocida.
Había escuchado muchas veces la historia de una mujer que aparecía de noche junto a la carretera y pedía a los conductores que se detuvieran. Unos la situaban en las vueltas de Otón; otros, en las de Santo Domingo o en el camino a Cuenca. Incluso había escuchado una versión en Colombia.
Mientras recordaba aquellas historias, iba disminuyendo la velocidad.
La mujer seguía adelante, esperando.
Él, más que miedo, sentía curiosidad.
Quería acercarse, verla de cerca y saber qué haría cuando detuviera el automóvil.
Estaba a punto de parar.
Entonces miró a su esposa.
Sabía que a ella le daban miedo las historias de apariciones y todo aquello que no encontraba una explicación. Hasta hacía unos minutos habían venido conversando y riendo, entusiasmados con el fin de semana que tenían por delante.
Ahora estaba asustada.
Él podía detenerse y satisfacer su curiosidad, pero sabía que hacerlo significaba hacerla pasar por un momento que la asustaría todavía más.
Cambió de idea.
Apretó el acelerador.
Pasaron junto a la mujer y continuaron por la carretera.
El escritor miró por el retrovisor.
Ella seguía allí.
De pie, bajo la lluvia.
Los miraba alejarse.
Su figura se hacía cada vez más pequeña en el espejo.
Él continuó mirando hasta que la distancia y la carretera ya no le permitieron verla.
Dorys Rueda, Historias de lo extraño, obra inédita.
