
La sala de espera estaba llena.
La enfermera abrió la puerta y pronunció un nombre.
Un hombre se levantó y entró.
Después llamó a una mujer.
Luego, a un anciano.
Más tarde, a un muchacho.
Uno a uno fueron entrando.
Ninguno regresó.
Pensé que ellos ya habían terminado de esperar.
Al cabo de un largo silencio, la enfermera volvió a salir.
Me miró con extrañeza.
—¿Todavía está aquí?
—Sí. Llevo esperando desde esta mañana.
Bajó la vista hacia la carpeta.
La cerró despacio.
—Ya llamé su nombre.
Permanecí sentado.
La puerta se cerró lentamente.
Dorys Rueda, Cuentos en voz baja, Volumen II, obra inédita.
