
Querido Carbunco de Otavalo:
Hace tiempo que quería escribirte.
Por aquí también llegan noticias.
Me contaron que ahora eres una celebridad.
Que los niños hacen fila para conocerte.
Que la gente se toma fotografías contigo.
Y que nunca te faltan las croquetas.
No sé si felicitarte o empezar a preocuparme.
Las cosas por acá siguen siendo bastante distintas.
Todavía aparece gente convencida de que mi rubí existe y de que, con un poco de suerte, será suyo.
Hay un hombre que viene todos los sábados.
Llega temprano, se sienta en la misma piedra y pasa horas mirando el río.
No sé si busca mi tesoro o simplemente encontró el mejor lugar para olvidarse del mundo.
Los domingos aparecen tres muchachos.
Nunca faltan.
Uno explica cómo hacerse millonario.
Otro asegura que trabajar ya pasó de moda.
Y el tercero vende cursos para que los otros dos alcancen la riqueza.
Mientras hablan, los tres buscan mi rubí entre las piedras.
A veces pienso que, si realmente lo encontraran, lo primero que harían sería abrir un canal para enseñar cómo lo consiguieron.
Lo más curioso ocurrió hace unos días.
Llegó un hombre con un detector de metales.
Recorrió toda la orilla.
Escarbó junto a las piedras.
Escarbó entre los matorrales.
Escarbó incluso donde el río apenas dejaba espacio para poner un pie.
Al final encontró una cuchara oxidada y tres tapas de botella.
Se fue feliz.
Todavía me pregunto qué habría hecho si de verdad encontraba el rubí.
Como ves, los buscadores de tesoros no han desaparecido.
Solo cambiaron las herramientas.
Por cierto, necesito que me aclares una cosa.
¿Es verdad que ahora respondes al nombre de Flashito?
Porque si eso es cierto, el asunto ha provocado bastante revuelo entre nosotros.
Los Carbuncos de Cotopaxi, Chimborazo, Azuay y Pichincha llevamos varios días comentándolo.
Uno dice que es un invento.
Otro asegura que te vio usando un pañuelo al cuello.
Y hay uno que insiste en que apareciste rodeado de niños pidiendo autógrafos.
Yo preferí no opinar.
Las leyendas no deberíamos creer en chismes.
Aunque, entre nosotros, tampoco ayudan mucho las fotografías que andan circulando.
Espero tu respuesta.
Con un gruñido cordial,
El Carbunco del río Granobles
P.D. Si alguna vez vienes por estos lados, trae una bolsa de esas croquetas de las que tanto hablan. Empiezo a sospechar que son mejores que el rubí.
Dorys Rueda, Cuentos: Entre leyendas y sonrisas, 2026.
