Una mañana,
el Yo anunció
que renunciaba.

Nadie le creyó.

El Tú
dijo que necesitaba vacaciones
y se marchó
sin despedirse.

Por un par de días
las conversaciones
quedaron suspendidas.

Las correos
no sabían cómo empezar.

Las disculpas
se quedaban
sin destinatario.

Entonces apareció
el Nosotros.

Al principio
resultó incómodo.

Después,
las culpas
comenzaron a repartirse.

Las alegrías también.

Una mañana
alguien abrió la boca
para decir:
—Yo…

Pero la palabra
ya no recordaba
cómo se pronunciaba.

Dorys Rueda, Cuentos en voz baja, Volumen 2, obra inédita.

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