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A la redacción de Ecuavisa llegó un sobre sin remitente.

No tenía estampillas ni dirección.

Solo una frase escrita con letra elegante: 

«Para lectura en horario estelar».

 

Como la curiosidad sigue siendo más fuerte que la prudencia, decidieron abrirlo.

La carta decía:

 

Señores del noticiero:

Les escribo porque estoy cansado.

Así de simple.

Llevo siglos soportando que me echen la culpa de todo lo malo que ocurre en el mundo.

Si una cosecha se pierde, aparezco yo.

Si alguien pierde una elección, aparezco yo.

Y si una persona hace exactamente lo contrario de lo que le aconsejaron veinte familiares… también aparezco yo.

Francamente, ya me estoy sintiendo alguien muy importante.

La semana pasada escuché a una señora decir que el Diablo había hecho que su marido olvidara el aniversario.

Yo ni siquiera sabía que estaban casados.

Hace poco un señor aseguró que fui responsable de que gastara media quincena.

Lo vi salir del centro comercial con tres pares de zapatos, una chompa de cuero, dos parlantes y un celular nuevo.

Yo no tuve absolutamente nada que ver.

También quiero aclarar algo sobre la política.

Aunque, pensándolo bien, mejor no.

Ya bastante trabajo tengo.

Lo único que diré es que algunas promesas son tan optimistas que hasta en el infierno las escuchamos con admiración.

Tampoco entiendo por qué me siguen relacionando con ciertos escándalos.

Cada vez que hay un desfalco vuelven a mencionarme.

Hay días en que ni siquiera alcanzo a enterarme de aquello que supuestamente hice.

Sobre las redes sociales prefiero no extenderme.

Ese tema me produce cierta tristeza.

Antes la gente entregaba el alma por riqueza, poder o juventud eterna.

Ahora algunos la entregan por seguidores.

Y ni siquiera muchos.

Lo más extraño es que después publican frases sobre paz interior.

Debo admitir que extraño los viejos tiempos.

Antes había misterio.

Velas.

Ceremonias.

Hasta cierta solemnidad.

Ahora todo ocurre frente a una pantalla.

Y la mitad de las personas acepta condiciones que jamás leyó.

Por cierto, también quiero desmentir un rumor.

No manejo cuentas anónimas para insultar gente.

Si tuviera algo que decir, lo diría personalmente.

Llevo siglos en este oficio como para esconderme detrás de una foto de perfil con flores o paisajes.

En resumen:

No soy responsable de todo.

De algunas cosas, no voy a negarlo.

Pero de todo, no.

 

Atentamente,

El Diablo

PD. Si durante la lectura de esta carta se llega a caer la señal… por favor, no empiecen otra vez conmigo.

 

Al terminar la lectura se produjo un silencio incómodo en el estudio.

La presentadora acomodó los papeles.

Miró a la cámara.

Abrió la boca para continuar con el noticiero.

Y, en ese momento, se fue la señal.

Solo fueron tres segundos.

Pero bastaron para que, al día siguiente, medio país culpara al Diablo.

Dorys Rueda, Cuentos: Entre leyendas y sonrisas, 2026.

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