Cierro el libro de poemas.

¿Qué viene conmigo? ¿Qué dejo entre sus páginas?

A veces me llevo una frase. La recuerdo mientras preparo el café o salgo a hacer una compra. Otras veces olvido las palabras, pero sigo pensando en alguien.

El poema hablaba de una despedida. Yo recordé aquella vez en que no supe qué decir.

Nada de eso estaba escrito.

Estaban los versos. La conversación pendiente era mía.

Quizá por eso un mismo poema nos lleva a lugares distintos. Donde alguien recuerda a su madre, otro piensa en una casa que dejó hace años. Leemos las mismas palabras, pero cada uno llega con su propia vida.

También hay cosas que dejo en el libro.

Una imagen que no alcanzo a comprender. Una emoción que siento lejana. Versos que leo otra vez y que, aun así, no me dicen demasiado.

Los dejo allí.

Tiempo después regreso y me detengo justo en uno de ellos. Antes había pasado de largo. Ahora necesito volver a leerlo.

Entre una lectura y otra, algo me ha ocurrido.

He perdido a alguien. Me he reconciliado. He tenido que marcharme de un lugar donde quería quedarme. Y aquellas palabras empiezan a resultarme cercanas.

Esta vez me llevo algo que antes había dejado.

Cierro el libro.

Dorys Rueda, Reflexiones, Volumen III, obra inédita.

Imagen ilustrativa creada con inteligencia artificial.

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