
Por Dorys Rueda
Esta leyenda fue narrada por Rosa Chalá y recogida en el libro Mitos y Leyendas del cantón Shushufindi, publicado en 2021. La adapté literariamente a partir de su narración, conservando los elementos centrales de la tradición oral.
Los hechos que dieron origen a esta historia habrían ocurrido en 2008, en el río El Eno, provincia de Sucumbíos.
El río El Eno atravesaba la vegetación espesa de la Amazonía. Sus aguas corrían entre árboles, raíces y ramas que la corriente arrastraba hasta dejarlas atrapadas en las orillas.
A veces parecía tranquilo.
Pero bajo su superficie, el agua seguía su propio camino.
Una tarde, un muchacho de doce años se encontraba cerca del río cuando escuchó unos gritos desesperados. Miró hacia el agua y descubrió a dos niñas que luchaban contra la corriente. Intentaban alcanzar la orilla, pero cada esfuerzo parecía alejarlas un poco más.
—¡Auxilio! ¡Ayúdennos!
Las voces se confundían con el ruido del agua. Las niñas trataban de mantenerse a flote mientras la corriente las arrastraba río abajo, entre las ramas y los troncos que encontraba a su paso.
El muchacho corrió hacia el río. A pesar de su corta edad, no dudó en intentar socorrerlas. Se acercó cuanto pudo, consiguió alcanzar a una de ellas y, con esfuerzo, logró llevarla hasta un lugar seguro.
Había salvado a una.
Faltaba la más pequeña.
Volvió la mirada hacia el río y la buscó entre las aguas. Apenas alcanzó a distinguirla, cada vez más lejos de la orilla. La corriente seguía arrastrándola y sus esfuerzos por mantenerse a flote resultaban inútiles.
El muchacho intentó acercarse nuevamente.
No llegó a tiempo.
La niña desapareció entre las aguas.
Durante unos instantes, el río pareció recuperar su curso habitual. La corriente continuó arrastrando ramas y troncos, como si nada hubiera sucedido.
Comenzó entonces la búsqueda.
Recorrieron las orillas, mirando entre los restos de vegetación que el agua acumulaba a su paso. Buscaron río abajo, en los lugares donde las ramas se entrelazaban y los troncos quedaban detenidos por la corriente.
Poco después encontraron el cuerpo de la niña, atrapado entre aquellos restos.
Estaba muerta.
La tragedia quedó en la memoria de los habitantes del lugar. Durante mucho tiempo se habló de aquella tarde y de la niña que no había conseguido salir del río.
Hasta que comenzaron a ocurrir cosas extrañas.
Algunas personas que pasaban cerca del agua aseguraban escuchar una voz infantil. Era un grito desesperado, semejante al de alguien que luchaba por mantenerse a flote.
—¡Auxilio, me ahogo!
Quienes lo escuchaban se detenían y buscaban entre las aguas. Miraban hacia la otra orilla, recorrían con los ojos los remansos y los lugares donde se acumulaban las ramas.
No había nadie.
El río continuaba su curso.
Con el tiempo, otras personas contaron haber escuchado la misma súplica. La voz surgía de algún lugar de la corriente y se perdía entre el ruido del agua.
Algunos pensaban que era el río, cuyos sonidos podían confundirse con los gritos de una persona.
Otros recordaban a la niña.
Desde entonces, cuentan que todavía se escucha su voz cerca del río El Eno.
—¡Auxilio, me ahogo!
Quienes acuden a socorrerla no encuentran a nadie.
Imagen ilustrativa creada con inteligencia artificial.
