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Cada poema guarda algo que nos detiene: una palabra, una imagen, un giro, una metáfora, un silencio, una pregunta. A veces, simplemente, un verso que seguimos pensando después de terminar la lectura. En este poema me detuvo el movimiento. Todo comienza con unos pasos hacia atrás. Él, ella, las dudas. No sabemos quién retrocede primero, ni siquiera si alguno de los dos lo hace antes que el otro. Solo sabemos que ya no avanzan. A partir de allí, el poema parece acompañar ese movimiento. La luz deja de venir de donde se la espera, los colores ya no modifican la perspectiva y aquello que unía a dos comienza a perder dirección. Hasta que llegamos al último verso y el movimiento cambia: ya no se retrocede. Se cae. Me interesa esa manera de representar el desamor. Porque a veces una relación no termina cuando alguien decide marcharse. Empieza mucho antes, en esos pequeños pasos hacia atrás que casi nunca advertimos mientras los estamos dando. |
Dorys Rueda
