Oigo pequeños chasquidos dentro de mi sueño.
La noche gotea su taconeo de plata
espalda abajo.

A las cuatro. Me despierto. Pensando
en el hombre que
se marchó en septiembre.
Se llamaba Law.

Mi rostro en el espejo del baño
tiene manchas blancas en la parte baja.
Me enjuago la cara y vuelvo a la cama.
Mañana voy a ver a mi madre.

Anne Carson

Canadá, 1950

Premio Nobel de Literatura

Me gusta cómo Anne Carson sigue el movimiento de la conciencia en este poema.

Un sonido dentro del sueño.
Las cuatro de la madrugada.
Un hombre que se marchó en septiembre.

Un pensamiento llega.
Otro permanece.
Entre ambos, algo queda suspendido.

De pronto, el espejo.
Unas manchas blancas en el rostro.
La mirada ya está en otra parte.

Carson no explica el tránsito. Pasa de una noche que «gotea su taconeo de plata» a la sencillez de una frase: «Se llamaba Law». Una imagen intensa. Un nombre. Un recuerdo que no necesita contar su historia.

También las palabras parecen seguir ese movimiento:

«Pensando / en el hombre que / se marchó en septiembre».

La frase se corta.
Espera.
Continúa.

Una palabra queda atrás.
La siguiente todavía no llega.

Después, un gesto cotidiano.
Enjuagarse la cara.
Volver a la cama.

«Mañana voy a ver a mi madre».

Septiembre.
Las cuatro de la madrugada.
Mañana.

Tres momentos.
Una misma conciencia.

Carson deja que cada fragmento encuentre su lugar sin obligarlo a explicar el anterior.

Y cuando llega el último verso, el poema se detiene.

El pensamiento, no necesariamente.

Dorys Rueda

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