La Sirena del Lago San Pablo estaba cansada.

Durante siglos había pasado las noches cantando junto a la orilla para atraer a algún desprevenido.

Al principio le gustaba.

Después se acostumbró.

Y, con los años, terminó aburriéndose.

No porque hubiera dejado de cantar, sino porque ya nadie la escuchaba.

Los visitantes llegaban al lago con los ojos puestos en el celular.

Fotografiaban el paisaje.

Grababan videos.

Transmitían en vivo.

Y se marchaban sin haber levantado la vista una sola vez.

Una noche decidió adaptarse a los nuevos tiempos.

Abrió una cuenta en TikTok.

Los primeros videos mostraban la neblina cubriendo el lago.

En otros aparecía apenas una silueta saliendo lentamente del agua.

No hacía falta más.

En pocos días comenzaron los comentarios.

—Eso es inteligencia artificial.

—Buen montaje.

—Se nota que es un filtro.

—¿Dónde queda exactamente ese mirador?

La Sirena leía todo desde una piedra, mientras se peinaba el cabello con un peine de carrizo.

Nunca respondió.

Le divertía que discutieran.

Con el tiempo empezó a subir videos un poco más largos.

Hablaba de antiguas tormentas.

De pescadores que conocían los cambios del agua.

Y de lugares donde el lago parecía no tener fondo.

Los seguidores aumentaban cada día.

Pero casi todos llegaban a la misma conclusión.

—Muy buenos efectos especiales.

Una mañana apareció un mensaje distinto.

—Si de verdad existes, mañana voy a buscarte.

Al día siguiente un muchacho llegó muy temprano.

Colocó el celular sobre un pequeño trípode y comenzó una transmisión en vivo.

—Hoy vamos a demostrar que todo esto es mentira.

Miles de personas empezaron a conectarse.

Los comentarios aparecían sin descanso.

—Acércate más.

—Seguro sale alguien disfrazado.

—Eso está editado.

En ese momento el agua comenzó a moverse.

La Sirena apareció lentamente.

El muchacho dejó de sonreír.

—No puede ser…

—¿Por qué no? —preguntó ella.

—Pensé que eras una leyenda.

—Lo soy.

El joven dio un paso hacia la orilla.

—¿Puedo hacerte unas preguntas?

La Sirena llevó un dedo a los labios.

Luego empezó a cantar.

El muchacho dejó de mirar la pantalla.

Bajó los brazos.

Y caminó despacio hacia el agua.

La transmisión terminó de repente.

Durante varios días nadie volvió a saber de él.

Sin embargo, la cuenta siguió activa.

Cada cierto tiempo aparecía un video nuevo.

Siempre mostraba el lago.

La neblina.

Los reflejos de la luna sobre el agua.

Y, de vez en cuando, una imagen grabada desde el fondo del lago.

Los comentarios no tardaban en aparecer.

—La calidad de los videos mejoró muchísimo.

—Ahora sí consiguieron una buena cámara submarina.

—Definitivamente esta cuenta merece más seguidores.

La Sirena nunca respondió.

Solo siguió cantando.

Y, cuando alguna noche el lago amanece demasiado tranquilo, todavía hay quienes aseguran que, desde el fondo del agua, alguien continúa grabando el siguiente video.

Dorys Rueda, Cuentos: Entre Leyendas y Sonrisas, 2026.

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