
La gente de Cotacachi cuenta que, a las doce de la noche, se escuchan voces en la laguna de Cuicocha.
No se sabe exactamente de dónde vienen.
Algunos dicen que son sonidos que produce el viento al pasar entre los islotes. Otros aseguran que las voces salen del agua.
Hace muchos años, un hombre trabajaba como barquero en la laguna.
Llevaba tanto tiempo recorriéndola que conocía sus cambios. Sabía cuándo el viento podía levantarse de repente, cuándo llegaba la neblina y por dónde era mejor regresar a la orilla.
También había escuchado hablar de las voces.
Una tarde salió en su embarcación.
Pasaron las horas y no regresó.
Al principio nadie se preocupó demasiado. El hombre conocía bien la laguna y pensaron que algún contratiempo lo había retrasado.
Anocheció.
A la mañana siguiente salieron a buscarlo. Recorrieron las orillas y navegaron alrededor de los islotes, pero no encontraron al barquero.
Nunca se supo qué ocurrió aquella noche.
Con el tiempo, su desaparición se unió a las historias que ya se contaban sobre Cuicocha.
Algunos aseguraban que en la laguna vivía una sirena y que era su voz la que se escuchaba a medianoche.
Decían que ella había sido la causa de la desaparición del barquero.
Que aquella noche él escuchó su voz y la siguió.
Nadie volvió a verlo.
Los pobladores cuentan que, después de aquella noche, algo cambió.
A las doce en punto ya no se escuchaba una sola voz.
A veces, dicen, se escuchan dos.
Dorys Rueda, Leyendas, historias y casos de mi tierra Ecuador, Volumen II.
