
Te amé dos veces en el mismo instante. Estuvo tu voz, estuvo tu lado más emocional, estuvo la pasión más carnal de tus deseos, estuvieron la dicha de cobijarme en tus abrazos anhelantes, los besos reales y los soñados. Tan de cerca en lo real y en lo onírico, tan amor en la piel irremediable distancia y en la piel que, por extrañada, no dejó nunca de ser piel.
Rubén Darío Buitrón.
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Cada poema guarda algo que nos detiene: una palabra, una imagen, un giro, una metáfora, un silencio, una pregunta. A veces, simplemente, un verso que seguimos pensando después de terminar la lectura. En este poema me detuvo su movimiento. Los versos parecen acercarse y alejarse. Están los abrazos y los besos, pero también la distancia; lo real junto a lo soñado; la piel que toca y la piel que extraña. Hay algo de tango en ese ir y venir: dos cuerpos que se acercan, se separan y vuelven a encontrarse. Y quizá allí esté una de las resonancias del poema: el amor también tiene ritmo. A veces avanza hacia el otro; otras, retrocede hacia la memoria, el deseo o el sueño. Pero sigue bailando. |
Dorys Rueda
