Nunca sabemos cuándo será la última vez.

Pedimos la última taza de café en aquel restaurante.
Todavía nos reservaban el mismo lugar.

Conversamos por última vez con la vecina de siempre.

Entramos por última vez en la tienda del barrio.
Bastaba con entrar. Lo de siempre ya estaba listo.

Compartimos el último almuerzo en casa de los abuelos.
Todavía cabíamos todos alrededor de la mesa.

Un niño de la familia buscó nuestra mano por última vez.

Celebramos el último Año Nuevo.
Todavía hacíamos planes para el siguiente.

Nos tomamos la última fotografía.
Todavía estábamos todos.

El café olía como siempre.

La puerta se cerró como siempre.

Nos despedimos con el beso de siempre.

—Nos vemos la próxima semana.

—Pronto volveremos a visitarlos.

—Llámennos cuando tengan un momento.

Y seguimos nuestro camino.

El restaurante ya no abrió.

Un día la vereda se quedó sin la vecina de siempre.

La tienda del barrio cerró definitivamente.

Un día la casa de los abuelos recibió otras voces.

Ese niño de la familia dejó de buscar nuestra mano.

Un día el Año Nuevo reunió a menos personas alrededor de la mesa.

Descubrimos que en aquella fotografía todavía estábamos todos.

Creíamos que todavía habría otra vez…

Dorys Rueda, Reflexiones, Volumen III, Obra inédita.

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