
Siempre tuve miedo de ellos.
De ponérmelos
y ver mi vida de otra manera.
Un día me armé de valor.
Me los puse.
Lo que vi me dejó inmóvil.
Eran mis propios ojos
que hacían visibles
las mentiras
con las que había aprendido a vivir.
Dorys Rueda, Cuentos en voz baja, Volumen II, obra inédita.
