Entré en aquella habitación apenas unos minutos.
No tenía nada extraordinario.
Una ventana entreabierta.
Una silla junto a la pared.
La luz de la tarde.
Salí.
Han pasado muchos años.
De vez en cuando, la puerta vuelve a abrirse.
La luz.
La ventana entreabierta.
La silla.
Después, el silencio.
Y otra vez la luz.
Hace unos días abrí un libro.
Bastó un verso.
Y la puerta volvió a abrirse.
Dorys Rueda, Reflexiones, Volumen III, obra inédita.

