A las doce en punto, algo volvía a caer en la cocina.

La mujer se levantaba, encendía la luz y no encontraba nada.
Entonces el viento cantaba en la sala y la ventana temblaba, apenas.

Así, cada noche.

Un día decidió no levantarse.
El sonido ocurrió igual.

No pensó en la casa.
Pensó en los años que llevaba despertándose a la misma hora.

Entonces entendió:
no era el tiempo comprobando si ella estaba despierta,
sino ella
comprobando
que todavía podía oírlo.

error: Content is protected !!