La gente decía que su voz era su mayor don. La televisión lo volvió admirado, querido. Todos lo aplaudían, lo idolatraban; le pedían autógrafos, lo filmaban.

Pero envejeció. Y, al morir, sin cámaras, ni micrófonos, ni iluminación, se atrevió a escucharse por primera vez.

 

Dorys Rueda, Cuentos en voz baja, 2026.

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