Basado en los días en que Otavalo detuvo su ritmo durante el paro de octubre de 2025, en Ecuador

Aquella calma

terminó doliendo.

Ahora mi ciudad

duerme

con los ojos abiertos.

 

No se sabe

si descansa por cansancio

o si la incertidumbre

le aprieta el pulso.

 

Un rumor

camina las calles.

No viene del mercado

ni de la gente.

Viene

del peso de los días.

 

Las campanas

de San Luis

callan,

como si dudaran

qué nombre decir.

 

Las puertas,

cerradas.

Los pasos,

detenidos.

 

Hay un silencio

que permanece

incluso de día.

 

Algunas palabras

se deshacen.

Otras empujan,

buscan salir.

 

El parque Bolívar

ya no murmura.

Las hojas quietas

escuchan.

 

El aire trae

una vibración baja,

hecha de espera.

Las bancas guardan

calor ajeno.

La estatua calla.

Pero guarda.

 

La ciudad,

en esta vigilia cansada,

gira alrededor

de un pulso

que no descansa,

como si esperara

el momento

de volver

a respirar.

Fotografía: Marcelo Quinteros

Dorys Rueda, Otavalo en el alma,  2026.

error: Content is protected !!