
Esta leyenda pertenece a la tradición oral de la comunidad de Maca, en la provincia de Cotopaxi. Fue recogida en Kaimi Ñukanchik Ñaupa Rimaikuna (1979), traducida al español por Luz María de la Torre y posteriormente reproducida por Ruth Moya en Simbolismo y ritual en el Ecuador andino. La presente adaptación narrativa es de Dorys Rueda.
En aquellas tierras se levanta un cerro llamado Usukin. Cuentan los mayores que, hace mucho tiempo, la madre Iliniza decidió repartir sus riquezas entre todos los cerros.
Un día los llamó y les anunció:
—¡Acérquense, hijos míos! Tengo una bolita para cada uno. Con ella, sus tierras se llenarán de vida.
Los cerros acudieron presurosos. Ninguno quería quedarse sin su regalo.
—Aquí tienes la tuya —decía la madre Iliniza mientras entregaba una bola a cada uno.
Apenas la recibían, sus laderas comenzaban a cubrirse de verdor. Crecían las hierbas, aparecían los animales y brotaban de la tierra las papas, las ocas, los mellocos y el maíz.
Donde antes no había nada, ahora florecía la vida.
Pero hubo un cerro que no acudió al reparto.
Era Usukin, que aquella mañana se había quedado profundamente dormido.
Mientras los demás recibían sus riquezas, él seguía durmiendo, sin enterarse de lo que sucedía.
Al llegar el mediodía, Usukin despertó. Miró a su alrededor y descubrió que los otros cerros estaban cubiertos de vegetación.
—¿Qué ha sucedido? —se preguntó sorprendido—. ¿Por qué todos están tan verdes?
Entonces recordó el llamado de la madre Iliniza.
—¡Las bolitas! ¡Me he quedado dormido!
Sin perder tiempo, fue a buscarla.
Cuando llegó ante ella, le pidió:
—Madre Iliniza, ¿puede darme a mí también una bolita?
—Ya no tengo ninguna —respondió ella—. Las he repartido todas.
—¿Ni una pequeñita le queda para mí?
—Ninguna, hijo mío. Has llegado demasiado tarde. Ahora vuelve a tu lugar.
Usukin bajó la mirada.
—¿Y qué será de mis tierras? —preguntó.
Pero la madre Iliniza ya no tenía nada que entregarle.
Usukin regresó con las manos vacías.
Desde entonces, mientras los demás cerros lucen sus laderas verdes, pobladas de animales y cultivos, Usukin permanece desnudo, sin los alimentos ni los granos que la madre Iliniza repartió entre sus hermanos.
Y cuentan que así se quedó, pobre y sin vegetación, porque el día en que la madre Iliniza repartió la abundancia, Usukin se quedó dormido.
Nota geográfica
El Plan de Turismo del Cantón Latacunga 2020–2025 registra la existencia del cerro Usujín, ubicado en la parroquia Poaló, provincia de Cotopaxi. Por su nombre y cercanía con la comunidad de Maca, podría corresponder al Usukin mencionado en esta leyenda, aunque esta identificación no ha sido confirmada.
En la presente adaptación se conserva el nombre Usukin, tal como aparece en la recopilación de la tradición oral de 1979.
Imagen ilustrativa creada con inteligencia artificial.
