Una mujer siente que ha aprendido a rezar

Cuando el viento se lleva sus lágrimas,

y las ancestras le susurran al oído:

-Ve-

-eres capaz-

-eres tu propia diosa roja-

 

Y de rodillas,

nos miramos

en el reflejo de nuestros vientres,

tal cual

hemos sido invocadas en el agua,

tal cual,

rezaron nuestras madres

en la profunda e inexplicable oscuridad.

 

En esa misma fuente de vida

donde las niñas que fueron madres

fueron también mis abuelas,

fueron también mis hijas.

Fui yo también

el vientre de la tierra.

 

Es por eso

que somos la profecía del océano.

Es por eso

que somos espirales en movimiento.

 

Y nuestras voces

son el impulso galopante de nuestro tiempo.

 

Hemos sido desastre y escombros.

Sangre derramada sobre el cemento.

Es por eso

que

nuestro grito es un

trueno

que divide ciudades.

 

Que persigue,

a quienes ocultaron nuestros huesos,

para luego

-reírse- de nuestra muerte.

 

Y aún así,

decidimos ser montaña,

florecer y reverdecer en el cuerpo.

sanarnos,

alimentarnos.

con la misma fuerza

de nuestra primera madre,

para que esa resistencia

siempre

siempre

siempre

nos acompañe.

Sofía Puetate

En «Breve manifiesto sobre la fuerza», Sofía Puetate transforma la oración en un acto de reconocimiento interior.

La mujer aprende a rezar cuando el viento se lleva sus lágrimas y escucha las voces de quienes la precedieron.

Las ancestras no le ofrecen protección ni le indican un camino: le recuerdan que es capaz de recorrerlo por sí misma.

El verso final, «eres tu propia diosa roja», concentra la fuerza del poema.

La mujer deja de buscar fuera de sí aquello que descubre en su interior. Y esa revelación llega acompañada por las voces de otras mujeres.

Lo más significativo es que la fuerza individual aparece vinculada a una memoria femenina colectiva.

La protagonista se reconoce a sí misma, pero no lo hace sola: detrás de su voz están las voces de sus ancestras.

Dorys Rueda

Imagen ilustrativa creada con inteligencia artificial.

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