Era lunes.

Se levantó.

Desayunó.

Abrió el periódico.

Revisó las facturas que habían llegado.

Salió a la oficina.

Volvió a casa tarde.

Cenó y miró la TV antes de dormir.

Todo dentro de la rutina y la normalidad.

Pero al despertar, siempre era miércoles.

El martes había desaparecido.

Pasaron semanas.

Luego meses.

Los martes siguieron desapareciendo.

Una mañana despertó y era martes.

Se vistió.

Salió a la calle.

No había nadie.

Las casas estaban cerradas.

Los vehículos permanecían inmóviles.

Los semáforos seguían cambiando de color.

Caminó durante horas.

No encontró una sola persona.

Entró a una cafetería.

Había tazas sobre las mesas.

El café aún estaba tibio.

En una farmacia encontró un calendario.

Marcaba martes.

Arrancó la hoja.

Debajo había otro martes.

 

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