Por: Dorys Rueda
-Aprendí que la pobreza no es vergüenza
Cuando mi padre tenía 5 años, quería ir a la escuela pero no podía porque su papá no tenía dinero. Un día, llorando, descalzo, se encaminó a la escuela para ver si encontraba un profesor. Cuando finalmente encontró a uno, le pidió que hablara con su padre para que le permitiera ingresar ar a la escuela. Éste accedió y así fue cómo el niño logró que le inscribieran en la institución.
Mi padre llegó a ser Secretario del Sindicato y Comité de Empresa de una gran fábrica de su ciudad. También fue presidente de la Federación Nacional de Trabajadores del Ecuador y presidente del VIII Congreso de Trabajadores textiles del país.
-Aprendí que la autoformación es necesaria y conduce al éxito
Mi padre sólo pudo culminar los estudios primarios, debido a la estrecha situación económica de su familia. Sin embargo fue un autodidacta, un hombre que continuamente se cultivó; un ávido lector, un asistente de conferencias y seminarios, pero sobre todo, un gran observador del mundo para aprender más sobre él.
Impulsó la modernización de su ciudad (Otavalo, Ecuador) y logró cambios enormes para su ciudad, en relación a la automotización de los teléfonos y la llegada de ciertas instituciones bancarias a la ciudad
-Aprendí que la ayuda desinteresada trae satisfacciones personales
Mi padre pensaba que la solidaridad era uno de los más grandes bienes de la tierra y que todas las personas podían servir, desde cualquier puesto o trabajo, sin esperar algo a cambio. Si el agradecimiento venía, venía, pero no debía ser el objetivo principal del servicio social.
Por décadas, fue benefactor de dos escuelas. Ayudó con los desayunos y almuerzos escolares y la adecuación e implementación de ambos establecimientos.
En vida fue condecorado por su gestión en el ámbito social, religioso y económico. Recibió la medalla Cotama al trabajador que con mayor vocación se ha entregado a su labor.
-Aprendí que el trabajo honrado dignifica al hombre
Mi padre pensaba que cualquier trabajo, por humilde que fuera, engrandecía al hombre. Siendo todavía muy joven, a los 13 años, trabajaba ya, en turnos rotativos en una fábrica textil.
-Aprendí que la perseverancia en el trabajo permite el logro de los objetivos
Mi padre se caracterizó por su perseverancia, por la capacidad de seguir siempre adelante, a pesar de los obstáculos, de las malas políticas gubernamentales, de las frustraciones o de sus propios deseos de rendirse. Siempre terminó lo que había empezado, trabajando incesantemente hasta conseguir los objetivos que se había propuesto.
Se distinguió como dirigente barrial y fue fundador de varias instituciones de su ciudad, desde donde desplegó su actividad a favor de la comunidad. Formó la Cámara de Comercio, trabajó para ella y fue su presidente vitalicio.
-Aprendí la importancia de elegir un deporte
Mi padre insistía en la nobleza de la competencia deportiva, especialmente del fútbol. Un deporte que le apasionaba mucho y que lo disfrutó hasta el final, mirando el último mundial, en el 2014. Este juego era importante, decía, porque se veía en éste el valor del cumplimiento de las reglas establecidas.
De joven, fue integrante de la selección de fútbol de su ciudad. En su madurez fue condecorado como el mejor deportista, época de gloria.
-Aprendí que la familia es el bien más preciado
Mi padre pensaba que el núcleo familiar era lo más importante de la vida; que los valores, creencias y normativas siempre nacen y se fraguan en el hogar; que la siembra siempre da frutos.
Partió despidiéndose de quienes amaba: su esposa, sus hijos, su médico de cabecera y de todas las personas que cuidaron de él.
–Aprendí a valorar la vida.
Mi padre siempre amó la vida y la valoró hasta en los momentos más difíciles de su enfermedad. Pensaba que estar vivo era un privilegio y agradecía a Dios por ello. Amó la vida amén de las dificultades y de las tristezas. Fue un héroe, antes de su partida, se dedicó a bailar como terapia porque sentía que la música le alimentaba la existencia.
Fotografía: http://elmundodelareflexion.com/
