Fuente: Sofía Terán Cáceres
Recopilación: Luis Hernández
Comunicación personal: 20 de septiembre, 2021

Recordamos a «la señorita Judith», la maestra inolvidable del Jardín de Infantes “31 de Octubre”. Su hija Sofía es la autora de esta reseña, que compartimos con mucho gusto.

Nació en Otavalo, el 1 de enero de 1928. Fue la primera hija de don César Cáceres y de doña Isabel Rueda. Tenía gran habilidad para coser y bordar, pues desde muy niña aprendió el oficio de sus padres, la sastrería.  También colaboraba con sus progenitores en la tarea de la crianza y educación de sus seis hermanos: Jorge, Zoila, Fernando, Susana, César y Gustavo. Para sus hermanos fue el referente de abnegación, trabajo y sacrificio.

La educación primaria la cursó en la Escuela La Inmaculada y la instrucción secundaria, en el recién creado Colegio Otavalo. Integró el primer grupo de estudiantes, a quienes les denominaron “Los Fundadores”. Estuvo hasta el tercer curso de bachillerato. Con el pasar de los años, en la etapa de jubilados, este grupo de compañeros se volvió a encontrar periódicamente.

Inició el cuarto curso en el Normal Manuela Cañizares, en Quito, donde obtuvo el título de maestra normalista. Vivía en esta ciudad en casa de sus tíos maternos. Cuando cursaba el sexto curso, por ser una brillante estudiante y en consideración a su situación económica y familiar, le otorgaron una beca y el alojamiento en el internado del colegio. Se tituló y recibió la insignia de manos de la rectora del Normal, doña María Angélica Idrobo. Lo primero que hizo al recibir su título fue regresar a su tierra natal, a su querido Otavalo. La Dirección Provincial de Educación de Imbabura le había asignado un cargo y ella aceptó. 

En agosto de 1949, inició sus labores de maestra, en la escuela Rosa Zarate de Pimampiro, donde se trasladó a vivir con su madre y todos sus hermanos. En una reunión de capacitación para docentes, conoció al señor Germán Terán, quien quedó impresionado por la belleza y capacidad de la señorita Judith. Fue quien tramitó el su cambio para que trabajara en la ciudad de Atuntaqui, ciudad natal del señor Terán, donde él ejercía la docencia.

En abril de 1950, comenzó a trabajar en la escuela fiscal Policarpa Salavarrieta, de la ciudad de Atuntaqui, donde permaneció tres años. Regresó, entonces, a vivir en Otavalo con toda su familia. El 2 de agosto de 1950, contrajo matrimonio con el Sr. Terán, cuando tenía 22 años de edad.

En 1954, regresó a laborar en su querido Otavalo, siendo designada a la Escuela Isaac J. Barrera, recientemente fundada. Posteriormente, pasó a ser docente de Escuela Gabriela Mistral por el lapso de cuatro años.

Al ganar el concurso de oposición y méritos, es nombrada profesora y directora del Jardín de Infantes 31 de Octubre, anexo al Normal Experimental Alfredo Pérez Guerrero. Su labor lo cumplió por 24 años, hasta completar 35 años de servicio en el magisterio y luego acogerse a la jubilación. Dejó un plantel organizado, el edificio bien mantenido y las gestiones de legalización de una nueva propiedad adjunta para ampliar el espacio físico. 

Siempre consideró al Jardín de Infantes 31 de octubre como algo suyo, por ello, con constancia y dedicación se presentaba ante las autoridades para solicitar mejoras, como la ampliación de las aulas, el adecentamiento de las instalaciones, un nuevo mobiliario y todo lo que hacía falta.      Así, llegó a la subsecretaría de los Ministerios de Educación y Finanzas, incluso al despacho del entonces presidente de la república, Dr. José María Velasco Ibarra, quien le atendió y con una llamada telefónica ordenó a la Dirección de Construcciones escolares la dotación de nuevas aulas para la institución.

Su profesionalismo como educadora fue reconocido. El Municipio de Otavalo le concedió la Medalla al Mérito Educativo, el 31 de octubre de 1983.  En su vida de jubilada, se empeñó en organizar y conformar la Asociación de Maestros Jubilados de Otavalo. También inició el proceso para que esta asociación fuera reconocida por el IESS y el Ministerio de Inclusión Social.

Con Germán Terán, procrearon cinco hijos: Germán, Washington, Norma, Sofía y René. Mantuvieron un hogar lleno de paz y armonía por más de 65 años de casados. La muerte trágica de su último hijo René, en un accidente de tránsito, a temprana edad, le dejó un gran vacío. A sus nietos los colmó de inmenso cariño y dejó grabado en sus mentes sus sabias enseñanzas.

Su hija la describe como una madre afectuosa, de carácter fuerte, muy honesta y luchadora. Siempre motivaba a sus hijos con un “usted puede”, “usted es capaz”, “no se deje vencer”. Entre sus cualidades más relevantes estaba su extremada puntualidad, asociada al orden y a la disciplina, tanto en las tareas del hogar como en el trabajo. Tenía una fe y una devoción grande por el Señor de las Angustias y   la Virgen Dolorosa. Su vida se apagó el 7 de octubre de 2020.

 

Dorys Rueda, Patricio Vásquez, Luis Hernández, 
Anécdotas, sobrenombres y biografías de nuestra tierra Otavalo, 2022

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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  • mapOtavalo, Ecuador, 1961.

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