
Adaptación: Dorys Rueda,
Hace mucho tiempo, en un campo lejano, vivía un hombre llamado Quinto Mandamiento Domo. Era un hombre muy avaro y egoísta que no le gustaba ayudar a los demás. Nadie lo quería, porque siempre robaba y no cumplía sus promesas. En el campo, la gente se ayudaba entre sí con los trabajos del campo, pero Quinto nunca quería participar. Mientras los demás compartían el esfuerzo y las cosechas, él se quedaba de brazos cruzados, pensando solo en sí mismo.
Un día, mientras caminaba por la montaña, Quinto Mandamiento Domo se detuvo y, mirando al cielo gris, exclamó: "¡Qué oscuro está el día, parece noche!" Justo en ese momento, una voz misteriosa le respondió: "Más oscura está tu alma." Quinto, sin darle importancia, siguió su camino, pensando que todo eso era solo una tontería. Pero como dice el refrán: "No hay mal que por bien no venga" y esa oscuridad que él no quiso ver, pronto lo llevaría a aprender una valiosa lección que, aunque no entendiera en ese momento, cambiaría su vida para siempre.
Se acercaba la Semana Santa y un día, mientras se bañaba en el río, Quinto repitió: "¡Qué oscuro está este día!" Y otra vez, escuchó la misma voz que le dijo: "Más oscura está tu alma." Esta vez, Quinto, curioso, preguntó: "¿Qué debo hacer para que mi alma no esté tan oscura?" Como si le hubiera llegado la hora de reflexionar, pensó: "Más vale tarde que nunca".
Entonces, un ángel apareció y le dijo: "Si quieres que tu alma se ilumine, debes clavar esta vara en el río y esperar hasta el amanecer del Viernes Santo. Si la vara florece, serás salvado".
Quinto aceptó y clavó la vara en el río. Un rato después, un ladrón que pasaba por allí le preguntó con burla: "¿Qué haces con esa vara en el río?" Quinto le explicó lo que el ángel le había dicho y el ladrón, curioso, también quiso intentarlo. Juntos esperaron hasta el amanecer, aunque el ladrón pensaba: "Quien mucho abarca, poco aprieta".
Cuando llegó la luz del día, algo increíble sucedió: la culata de la escopeta del ladrón floreció, pero la vara de Quinto no. El ladrón, arrepentido de ser un delincuente, se levantó del río y encontró la paz. "Dios aprieta, pero no ahoga", pensó el ladrón al sentir la paz en su corazón.
Pero Quinto, sorprendido, no entendió lo que había pasado. El ángel apareció nuevamente y le dijo: "Nunca pediste perdón, tu corazón está tan oscuro como el carbón". Con esas palabras, el ángel se fue y Quinto Mandamiento Domo, con su alma llena de oscuridad, fue arrastrado por el diablo. Y así, la lección quedó clara: Solo aquellos que se arrepienten de sus errores con sinceridad y buscan el perdón pueden encontrar la paz y la protección divina.