Fuente Oral: Ángel Rueda Encalada
Recopilación y transcripción: Dorys Rueda
Otavalo, 1995
 

Hace muchísimos años, una joven panadera que había terminado su jornada a las 12 de la noche iba con mucha prisa, porque recordaba lo que su madre siempre le había advertido: “Que no debía detenerse en ningún sitio de la ciudad a la medianoche".  Para sorpresa suya, en el camino, surgió de un agujero un hermoso mono. La muchacha trató de atraparlo, pero el animal dio tal salto que se le escapó. Cada vez que la joven trataba de atraparlo, el mono saltaba y la muchacha estallaba de risa, pues no había visto un ser tan simpático como aquel.

La joven se olvidó de la hora y sin darse cuenta, en lugar de caminar hacia su casa, se alejaba cada vez más de ella.  El mono se había hecho ya su amigo y le había brindado una banana que la chica no supo de dónde había sacado. Entre risas,  intentaba agarrarla, pero el animal la escondía rápidamente tras su espalda.

Después cruzaron un terreno donde había plantas de moras, con las frutas al alcance de ambos.   El mono intentó arrancar todas las moras que veía: las verdes, las maduras, las grandes y las pequeñas, pero su amiga no se lo  permitía. Le sostenía de la cola y no le dejaba moverse. Cuando el animal intentaba nuevamente hacerlo, la chica volvía a inmovilizarlo.  

Entre juego y juego, no se percató de que el mono la llevaba hacia el molino, lugar donde la gente de Otavalo contaba que habitaban el demonio y el duende, donde las personas que pasaban por allí desaparecían sin dejar huellas.

Cuando faltaban algunos pasos para llegar, la joven panadera vio que el mono había desaparecido y en su lugar, de pie, a su lado, entre la oscuridad, estaba una sombra infernal que no era de esta vida. El ambiente entonces se volvió pesado  y un escalofrío le recorrió el cuerpo. De la risa, pasó al pánico y salió huyendo del lugar, sintiendo cómo la sombra le perseguía durante todo el trayecto. Finalmente, agotada por la manera cómo había corrido,  llegó a su casa, pero no pudo abrir la puerta porque perdió el conocimiento. Así permaneció por unas horas, hasta que los vecinos la descubrieron y le ayudaron a volver en sí.

 

 
Informante
Ángel Rueda Encalada (Otavalo: 1923-2015) fue un autodidacta que impulsó la modernización de la ciudad de Otavalo y logró cambios enormes para su ciudad, como la automatización de los teléfonos, la construcción del Banco de Fomento, la llegada del Banco del Pichincha, la edificación del Mercado 24 de Mayo, la construcción de la Cámara de Comercio, la reparación del templo El Jordán y la reconstrucción del Hospital San Luis. Por décadas fue benefactor de las escuelas Gabriela Mistral y José Martí. Fue fundador de varias instituciones de la ciudad, de donde desplegó su actividad a favor de la comunidad. Fue presidente de la Sociedad de Trabajadores México y del Club de Tiro y Pesca. Formó la Cámara de Comercio, trabajó para ella y fue su presidente vitalicio. (M. Esparza, presidente de la Cámara de Comercio de Otavalo, comunicación personal, julio 12, 2015).

 

Portada:
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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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