
La soledad nunca es un cuarto vacío. Aunque la puerta esté cerrada y no se escuche nada, siempre hay algo ahí. Algo que se mueve despacio. A veces entra por el oído. Basta que suene una canción. La nave del olvido de José José, y vuelve eso que quedó a medio decir. Ojalá de Silvio Rodríguez, con su fuego lento, recordando lo que no fue. Gracias a la vida de Violeta Parra, y de pronto uno hace cuentas: lo que perdió, lo que tuvo, lo que aún duele agradecer. La música se queda flotando en el aire, como polvo iluminado por una ventana.
Otras veces la soledad se parece más a una maleta vieja, arrinconada. Tiene el cierre duro, la tela gastada, ese olor a cosas guardadas demasiado tiempo. Dentro están los mensajes escritos y nunca enviados, las fotos que todavía arden si uno las mira de frente, la ropa doblada con cuidado “por si acaso”, aunque sepamos que ese acaso no va a llegar. Esa maleta pesa. No por lo que tiene, sino por lo que recuerda.
También hay días en que la soledad es un museo oscuro. No uno elegante, sino uno medio abandonado. Los pasillos son largos y silenciosos. De pronto, sin aviso, se enciende una luz: la última conversación con alguien que ya no está, la risa atrapada en un video con mala resolución, el olor de un lugar visitado una sola vez y que vuelve sin permiso. Son recuerdos que aparecen cuando quieren. Uno no los llama. Simplemente entran.
Y a veces la soledad suena. Es un reloj. No hace ruido fuerte, pero se siente. Cada tic agranda un poco el espacio. Marca las horas, sí, pero también la espera. Golpea suave en la cabeza, en las sienes, como diciendo: el tiempo sigue, aunque no haya nadie mirando. Ese reloj no se apaga. Acompaña.
Entonces uno entiende que la soledad no es estar vacío. Es estar lleno de cosas que no se fueron. Canciones, objetos, recuerdos, sonidos. Una habitación donde todo parece quieto, pero nada duerme del todo. Porque incluso cuando creemos que estamos solos, lo que queda —lo que siempre queda— es uno mismo, sentado ahí, respirando, escuchando cómo pasan las cosas.

Libro inédito, 2026.
