Dicen que la nostalgia no se puede medir. Yo no sé. A veces creo que sí. No con números, claro, sino de otra forma. Basta con notar cómo se acomoda en el cuerpo. Dónde se queda. Cómo pesa. No responde a la lógica, pero sí a la memoria. Hay días en que se siente redonda, como un abrazo que no llegó. Otros, punzante, como algo que quedó mal puesto. Y hay tardes en que simplemente aparece y ocupa el pecho, sin avisar.

La nostalgia no avanza. Da vueltas.
Va y viene.
Y vuelve otra vez.

Regresa cuando un olor se parece demasiado a otro tiempo. Cuando una voz suena casi igual a la de alguien que ya no está. Es insistente. Circular. Como un plato vacío en una mesa que antes estuvo llena. Como un reloj detenido en una hora que no se pudo repetir. No empieza ni termina. Solo vuelve. Y uno, con el tiempo, aprende a vivir con eso.

A veces estamos sostenidos por pocas cosas. Una persona. Un lugar. Un momento. Cuando una falla, todo se desarma. Entonces la nostalgia se siente distinta. Más frágil. Más expuesta. Basta rozarla para que tiemble. Hay días en que duele de frente. Otros, apenas flota, como si no supiera bien dónde quedarse.

No todas las nostalgias son claras. Algunas no tienen forma. Son recuerdos que se doblan, que se mezclan, que vuelven incompletos. La memoria se equivoca. Junta ternura con errores. Caminamos por esos recuerdos con cuidado, sabiendo que cambian cada vez que los tocamos.

Y hay nostalgias que no se dejan entender. No tienen bordes. No se recorren de principio a fin. Son escenas sueltas, voces que regresan sin aviso, silencios que ocupan espacio. Uno entra sin querer. Se queda un rato. No siempre entiende qué busca. A veces solo está ahí.

Al final, la nostalgia no pide explicaciones. No quiere ser ordenada. Se parece más a un lugar al que volvemos de vez en cuando. No para quedarnos, tampoco para escapar. Solo para reconocer algo que fue nuestro.

Quizá no se trate de comprenderla. Tal vez se trate de aprender a caminar con ella. De aceptar que hay cosas que ya no se tocan, pero siguen acompañando. Y que, de algún modo, eso también forma parte de estar vivos.

 

 

Libro inédito, 2026

 

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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