
Ella había tomado una decisión en segundos: se cambiaría de casa a una más moderna, en el centro de la ciudad.
La casa no pudo soportarlo y se echó a llorar.
Sus ventanas se empañaron y el piso pareció hundirse lentamente.
Aún herida, se quedó abierta, como si todavía pudiera volver.
Entonces lo sintió: si a ella no le importaba, tenía que recomponerse.
Secó sus ventanas, enderezó el piso y la olvidó antes de que regresara arrepentida.
Dorys Rueda, Cuentos en voz baja, 2026.
