
La pantalla apagada tenía un brillo oscuro,
breve, opaco,
como un espejo que no termina
de devolver lo que mira.
Cada mañana se detenía ahí.
Para asegurarse.
Entonces encendía el celular
y salía.
Una mañana, ese brillo no coincidió.
Nada más cambió.
El gesto fue el mismo.
La imagen, no.
Desde entonces,
cada vez que la pantalla se apaga,
tiene la sospecha
de haber llegado
después de sí misma.
Dorys Rueda, Cuentos en voz baja, 2026
