
El edificio late con el pulso de su arquitecto.
Si él enferma,
las escaleras se encogen
como un acordeón exhausto,
y las ventanas se cierran
como párpados de cortina vieja.
Cuando la alegría lo alcanza,
el edificio respira.
Los muros se ensanchan
para beberse el cielo.
Pero hoy,
el cristal guarda un tibio resplandor
y los pasillos suspiran:
el arquitecto se ha enamorado,
y por primera vez,
algo cálido permanece
incluso cuando cae la noche.
Libro inédito
Dorys Rueda, Cuentos en voz baja, 2026.
