Los años, el sol y el polvo habían gastando las sombras de la gente. Por eso muchos —ricos y pobres— terminaban yendo donde un sastre que sabía de ese oficio.
Una tarde llegó un joven bien presentado. Venía a pedir ayuda. Su sombra estaba perfecta, casi nueva. Era su cuerpo el que empezaba a deshacerse, como un saco viejo.
El sastre lo miró un momento. Hizo una mueca y negó con la cabeza.
Dijo que no podía hacer nada. Que hacía tiempo, en realidad, ya no estaba allí.
Libro inédito
Dorys Rueda, Cuentos en voz baja, 2026.
