Qué ocurre cuando el amor sigue caminando, pero el tiempo se queda atrás?
No tengo idea de cuántas veces he vivido esta noche. Siempre despierto a las 3:01 a.m., con el mismo parpadeo lento, el mismo zumbido del refrigerador, el mismo mensaje sin leer en el celular. Afuera, bajo la lluvia que no moja, él cruza la calle. A esa hora lo veo cruzar desde mi ventana: alto, con pasos seguros, la camisa blanca ceñida por la lluvia, como si fuera parte de su piel y un jean azul que le calzaba con naturalidad, como si también repitiera ese papel cada noche.
Al principio creí que era un capricho del sueño o una trampa silenciosa de la vigilia. Pero la taza rota volvió a su forma sin que nadie la tocara, las migas dibujaron el mismo mapa sobre el mantel y mi reflejo, impaciente, bostezó antes que yo. Fue entonces cuando lo supe: alguien estaba atrapado en el tiempo. Y tal vez ese alguien era yo.
Cada madrugada, todo vuelve a comenzar. Es como si el mundo quedara suspendido en un instante detenido: un fragmento exacto de sesenta segundos atrapado en un ciclo eterno. Una grieta en el tiempo donde los relojes fingen avanzar, pero en realidad se burlan. Pensé que era insomnio, pero era castigo. El tiempo me negó el olvido. Desde hace más de mil noches —tal vez más— vivo la misma secuencia como si fuera la única posible. Siempre igual, siempre intacta. Solo el amor cambia.
Con el tiempo —si es que esto aún puede llamarse tiempo— conocí a otros. Nos encontrábamos en la azotea de un edificio abandonado o en los bancos de plazas donde las palomas quedaban suspendidas a mitad del vuelo. Nos hicimos llamar Los del Quiebre. Nadie lo propuso; simplemente sucedió. Era un nombre que nos calzaba como un silencio incómodo: veníamos de fracturas, de interrupciones. Algunos lo comprendieron por repetición, otros por error, y unos pocos por pura desesperación. Los del Quiebre somos los que caímos fuera del tiempo sin saber cuándo ni cómo. Nos reconocemos por la mirada: no buscamos nada, no esperamos nada. Solo flotamos.
Cada quien lidia como puede. Uno salta desde el tejado para rebotar en el aire antes del reinicio. Otra dibuja con carbón sobre muros invisibles que se borran a las 3:01. Un tipo aprendió a tocar pasillo con un instrumento que desaparece cada madrugada. Nadie envejece. Nadie avanza. El mundo es un disco rayado que suena distinto solo para quienes dejaron de esperar el silencio.
Yo, en cambio, no hago nada. Solo lo observo. Él pasa frente a mi ventana con los ojos bajos. Cada noche. Sin falta. Y lo amo un poco más. Aunque no sé quién es. Aunque nunca me mira. Tal vez no camina porque no recuerda, sino porque lo recuerda todo.
Una noche bajé a la calle, le hablé, caminé tras él. Una vez incluso le toqué el brazo. Pero en cuanto lo hice, el reinicio llegó. Y por primera vez, lo odié. Odié la grieta en el tiempo, odié al minuto que no muere. Odié que incluso el amor se repitiera como castigo, porque el amor también duele cuando no cambia.
A veces pienso que él también lo sabe. Que me ve, pero elige seguir. Que está atrapado en la misma escena, pero prefiere que nada cambie. Tal vez, en su propia grieta del tiempo, soy yo la que pasa cada noche sin mirarlo. O peor: la que siempre llega cuando ya es tarde.
Dorys Rueda, Cuentos de sueños y sombras, 2025.
Es fundadora y directora del sitio web El Mundo de la Reflexión, creado en 2013 para fomentar la lectura y la escritura, divulgar la narratología oral del Ecuador y recolectar reflexiones de estudiantes y docentes sobre diversos temas.
Entre sus publicaciones destacan los libros Lengua 1 Bachillerato (2009), Leyendas, historias y casos de mi tierra Otavalo (2021), Leyendas, anécdotas y reflexiones de mi tierra Otavalo (2021), 11 leyendas de nuestra tierra Otavalo Español-Inglés (2022), Leyendas, historias y casos de mi tierra Ecuador (2023), 12 Voces Femeninas de Otavalo (2024), Leyendas del Ecuador para niños (2025) y Entre Versos y Líneas (2025).
Desde 2020, ha reunido a autores ecuatorianos para que la acompañen en la creación de libros, dando origen a textos culturales colaborativos en los que la autora comparte su visión con otros escritores. Entre estas obras se encuentran: Anécdotas, sobrenombres y biografías de nuestra tierra Otavalo (tomo 1, 2022; tomo 2, 2024; tomo 3, 2024), Leyendas y Versos de Otavalo (2024), Rincones de Otavalo, leyendas y poemas (2024) e Historias para recordar (2025).