Fuente oral: Luis Ubidia 1
Recopilación: Dorys Rueda
Otavalo, 1985
 
 

El Teatro Apolo, en Otavalo, fue construido el 10 de agosto de 1946, por don Alfonso Moreano y don Humberto Acosta, una sociedad que se disolvería en 1950.

Al mes de su funcionamiento, el teatro extrañamente se incendió, destruyéndose parte de sus instalaciones, pero rápidamente fue reconstruido por sus dueños y siguió trabajando. De allí en adelante, el teatro pasó por varios propietarios y administradores, pero siempre continuó sirviendo a la ciudad hasta su desaparición.

En 1946, cuando el teatro estaba reparándose, después del incendio, los obreros comentaban que estaba encantado.

Cuando los trabajadores laboraban, empezaron a perderse los objetos que tenían a mano.  Primero, desaparecieron sus herramientas, junto con los clavos y el martillo. Luego, el dinero que tenían en los bolsillos. Una tarde, a las seis en punto, en el instante en que se marchaban, alcanzaron a ver una sombra diminuta que corría por el escenario.

-¡Es un espectro!, gritó uno de los hombres, muerto del miedo. - ¡Miren el sombrero grande que lleva!

Quienes dirigían la obra, para evitar que la ciudadanía se enterara de lo sucedido, contrataron más obreros, para acelerar la reconstrucción del teatro. Tenían miedo de que la aparición terminara congregando a la gente, lo que retrasaría la construcción y, por ende, la paga.

Aunque el trabajo se aceleró, la sombra seguía corriendo por el escenario todos los días, a las seis en punto de la tarde, cuando la labor finalizaba y los obreros salían a sus casas. Ya nadie dudaba de que se trataba de un duende. Unos decían que era el mismo que habitaba en la antigua Fábrica La Joya. Otros manifestaban lo contrario: se trataba de un duendecillo nuevo que se había instalado en el teatro, para capturar una jovencita de grandes ojos negros y de cabello largo.

Cuando el teatro estuvo reparado, abrió sus puertas y el duende dejó de aparecer. Su figura fue diluyéndose en la memoria de los obreros.

 

Informante

1 Luis Ubidia (Otavalo: 1913-2000)

Fue un prestigioso maestro que comenzó su carrera docente en 1935 en San Pablo de Lago, en la escuela Cristóbal Colón. Después pasó a la escuela 10 de Agosto de la ciudad de Otavalo, plantel donde había estudiado su educación primaria. En 1936, viajó a Quito para trabajar en la Anexa del Normal Juan Montalvo. En 1970, después de una ardua y fructífera labor como profesor, se acogió a la jubilación y fue articulista en los medios escritos de la provincia de Imbabura, con un claro enfoque de justicia y rectitud en los temas de la vida local del cantón Otavalo. Escribió también artículos de investigación científica y notas poéticas. Tiene 28 publicaciones

(H. Ubidia, comunicación personal, 14 de enero de 2016).

 

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