Margarita Guevara Cueva
Recopilación: Dorys Rueda
Otavalo, agosto de 2021

 

En abril del año 2016, el Ecuador sufrió un fuerte sismo de 7.8 en la escala de Richter. Las noticias nos hacían conocer que los hermanos de la costa ecuatoriana, Manabí en particular, había sido el epicentro, era un sábado 16 de abril a las 18:H58 ECT.

Un total de 602 personas murieron víctimas de este fuerte terremoto que, según fuentes fidedignas, fue el más mortal de Sudamérica en comparación con Colombia, en 1999 y Perú, en el 2007.

Según el Instituto Geográfico Militar, las réplicas fueron más de 200. Algunas con magnitud por encima de 6 en la escala de Richter, después de la noche del 16 de abril. También se sintió en otras provincias del país, una de ellas Loja, ciudad en la que residía en ese entonces, en un edificio de 10 pisos. Recuerdo con susto y pesar el fuerte movimiento y no pensé en otra cosa que salir rápidamente del edificio. No entiendo cómo pude bajar las escaleras, descalza y en pijama. Mi sobrino que venía detrás me gritaba: “espera, espera que ya va a pasar.  ¡Qué terror! Mientras bajaba, sentía cómo el edificio se balanceaba y no sé cuánto tiempo me demoré en llegar a la planta baja.

Allí miré cómo las personas salían del edificio por el garaje. Unos, con sus niños; otros, con sus mascotas. Todos tenían rostro de angustia y temor. Junto a otras personas, en compañía de mi sobrino, caminamos hacia un pasaje que estaba frente al edificio. Una señora se me acercó y me brindó agua de la botella que llevaba. Aturdida y pálida, me senté en la vereda y bebí el agua, ahí pude ponerme recién los botines. Después de un largo tiempo fuera del edificio, volvimos a subir, todavía con el temor de nuevas réplicas.

Este corto preámbulo de la anécdota revela cómo me afectan los sismos. Me es difícil controlarme cuando ocurren acontecimientos de esta índole.

Días antes de este sismo, recibí una comunicación de la Dirección de Cultura del Municipio de Loja, en calidad de Artista plástica y Administradora del Centro Cultural “Alfredo Mora Reyes”, en la que se me pedía que participara en el “Domingo Cívico”, con el tema del Día Mundial del Arte, que coincidía con la conmemoración del natalicio de Leonardo Da Vinci (15 de abril de 1452, en Anchiano, Italia).

Ese día, estaba en el pódium del Municipio de Loja. En el desarrollo del acto, se daba el saludo protocolar a los símbolos patrios, ante las autoridades locales y delegados de instituciones educativas, militares, policiales, Cruz Roja, Bomberos, etc… Todas las personas rumoraban acerca del susto por el sismo del día anterior, incluso se esperaba que el Alcalde suspendiera el acto cívico por esa ocasión, pero nada de eso sucedió, estábamos aún temerosos y preocupados.  Llegó el momento de mi intervención. Recuerdo que a mi lado derecho estaba un coronel de la policía y a mi lado izquierdo, la reina de Loja. Mientras yo leía, muy concentrada, de reojo, vi que la gente empezaba a moverse y que los policías y bomberos corrían hacia el lado izquierdo del pódium. Había susto y angustia en las miradas, pero yo no podía interrumpir la lectura.  Cuando hice una pausa, pensé: “talvez es otro temblor”. Con susto ante esta posibilidad, continué leyendo, pero el pavor estaba en mí y no sé cómo pude terminar mi intervención.

Cuando retorné del pódium a mi lugar inicial, el coronel que se encontraba a mi lado me dijo al oído: “La reinita (reina de Loja) se desmayó. Las reinas, como usted sabe, Margarita, van vestidas como si todos los días fueran los mismos y como el día está frío y lluvioso, debió haber sufrido de hipotermia”.

En ese momento comprendí que el sobresalto de la gente no había sido por un nuevo movimiento sísmico, sino porque la reina de Loja se había caído al piso desmayada, a causa de la hipotermia y todos corrían para socorrerla.

Lo interesante de esta anécdota es comprender cómo un evento catastrófico puede afectarnos en un momento dado. Al terminarse el programa, comenté con mis amigos y compañeros de trabajo, lo que pasó por mi mente cuando leía. Entre broma y broma, reímos relajados. Más todavía, al conocer que la reina se encontraba bien de salud.

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
  • mailelmundodelareflexion@gmail.com
  • mapOtavalo, Ecuador, 1961.

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