Por: Fernando Larrea Estrada

En una sala para recuperación de hospital público de inicios del siglo XX, con baja iluminación, luz amarillenta, circulaba un aire suave con olor a ácaros del papel. Allí reposaban libros, libros y más libros, en espera de que llegara su turno para ser transportados en su viaje final hasta la gran tinaja de agua mezclada con ácidos para disolver papel y volverán nuevamente celulosa para reiniciar un nuevo círculo virtuoso de reciclaje del libro viejo .

Cuando eran acomodados en este recinto, nadie les procuraba comodidad, ponía ya no interesaba que sus hojas estuvieran sin ajarse, sin rasgaduras ni sin despreciar del lomo; específicamente les interesaba el contenido material del papel, el peso intacto de la celulosa procesada.

Por increíble que parezca, en esta última fase de su vida se les brindaba un cuidado especial de la humedad del ambiente que destruye las hojas y también de que el piso siempre se encuentra seco y que no existen pérdidas de agua en las tuberías que cruzaban o circunvalaban el depósito, porque, definitivamente, el agua y la ignorancia son los peores enemigos del libro.

Sabían que por estar allí pertenecían a un grupo privilegiado de un sistema artificial de clases, creado, como casi todo, con multas económicas. Encontrando lejos del papel periódico, que era alguna vez a otro tipo de tratamiento, acumulado sin orden, amontonado o, en el mejor de los casos, sujeto mediante correas plásticas que han sido más fácil cuantificar su peso; ya que su paso por ese sector era rápido, no rápidamente reflexionar y casi ni conversar entre ellos. Porque ese fugaz tránsito y el paso final a la tinaja era inminente. Por lo general pasaban a formar parte de la materia prima para elaborar papel sanitario o nuevamente papel periódico, pero, en fin, sabían que son las partes de un nuevo círculo virtuoso de continuar su servicio a la humanidad.

Luego se ubicaba la denominada zona rosa, que era la ocupada por revistas de papel cuché, en la que su paso resultaba traumático ya que eran sometidas a la extracción de grapas y de otros elementos metálicos que ocasionalmente se utilizan para su elaboración.

Por aquellas sorpresas que tiene la vida, fueron ubicados por casualidad dos hermanos de padre y madre, esto es, dos libros del mismo escritor (padre), por lo tanto producidos en la misma imprenta (madre) y con el mismo título, pero impusieron entre ellos nombres para identificarse perfectamente, desde aquella época de más de dos décadas cuando, ansiosos, esperaban en la sala de preembarque para salir a las librerías. Por ello se conocían muy bien: el uno era Pedro y el otro era José. La identificación de género era muy simple: habían acordado que los números pares eran femeninos y los impares eran masculinos; se procuraban de esta manera la equidad que el azar les brindaba.

Conversaron desde el momento en el que se encontraron y saludaron con un fuerte y efusivo abrazo.

Criticaron algunas de las obras que vieron en el salón. Lo hicieron con prudencia y de manera objetiva, siempre respetando la dignidad de los padres y de los libros, bajo el principio filosófico de «más libros, más libres».

Pedro, asombrado, una mañana dijo:

  • Mira ese anciano centenario que viene por allí. Cuánta sabiduría derrocha. Debe ser El Quijote de la Mancha. Libros como ese han sobrevivido cientos de batallas, mudanzas, cambios de época.

José contesta:

  • Claro que si se trata de un Quijote, ha sido leído y releído por centenares y quizás miles de personas, pero, al igual que nosotros, se encuentra dando los últimos pasos por esta vida. Aquí, no todos somos iguales, pero nos tratan igual.

De esta manera fluían los diálogos todos los días. Para algunos podría tratarse de chismes, pero para otros sería crítica literaria o filosofía.

  • Acaba de llegar una verdadera reina —manifestó José.
  • Se trata de una gran enciclopedia, muy completa y, por su estado, debe venir de biblioteca pública, porque se le nota que ha servido para miles de consultas, por el estado de sus hojas y de sus pastas; además, tiene cartilla de identificación adherida en el interior de la pasta posterior —contestó Pedro.
  • Sí, evidencia una vida fructífera y de servicio al intelecto y a la ciencia. Con su especialización y su organización ha apoyado a la erradicación del oscurantismo —dijo José.
  • Pero se encuentra llena de vida aún. No sé qué es lo que le pudo haber sucedido para que llegue acá. Seguramente modernizaron la biblioteca y la reemplazaron, pero, aun así, debían haberla enviado al Archivo Histórico. No entiendo —terminó Pedro.

Cuando no tenían motivos de conversación se dedicaban a contar los detalles de sus vidas, las dos muy distintas.

Pedro conversó:

  • Luego de haber salido a la distribución, llegué a una prestigiosa librería del centro de la ciudad, en donde me pusieron en un estante de primera, con vista a la calle. Esto lo disfruté a plenitud, tanto porque me entretenía mirando por el ventanal, como porque muchos lectores me admiraban y preguntaban por mí, en ocasiones me revisaban, me hojeaban, me percibían.

Llegó un día en el que me compraron y fui llevado al seno de una familia de lectores, en la que fui muy apreciado y leído por todos. Tenía un lugar fijo en la biblioteca familiar y con cierta frecuencia era consultado para disipar dudas. Allí pasé muy buen tiempo y con amplias satisfacciones.

Al fallecer el padre de la familia, un lote de libros en el que estaba yo fue entregado a uno de sus hijos. Fui llevado a otra casa; el lugar ya no era tan cómodo, pero la pequeña biblioteca está bien adecuada, aunque ya no me dieron un lugar de privilegio en ella y ya no era consultado con la frecuencia de antes. Pero fue una buena vida.

Cuando partió de esta vida mi segundo propietario, se produjo un total desajuste familiar en lo que tenía que ver con la mudanza de los enseres, ya que la mayoría, incluida la biblioteca, eran considerados viejos o antiguos. Allí empezó mi decadente peregrinar, ya que fui encargado en una bodega de una familia amiga; luego fui rescatado y llevado a una casa de campo en la que aspiraba que me pusieran de adorno con los demás libros; pero, en un mal momento, se apareció un comprador de cosas usadas de la parroquia e hizo una oferta para comprar toda la chatarra de la casa, además de muchos utensilios en desuso, y tuvo el mal momento de incluir una oferta por el lote de libros que estábamos esperando colocarnos de adorno en una biblioteca para presumir a los invitados. Desgraciadamente la oferta en dinero se hizo por todos los bienes de la casa, y nos incluyeron.

Tuvimos un viaje pesado a una bodega multipropósito que no era cómoda, desde la que nos trasladaron para este sitio en el que me encuentro un par de meses antes que tú. Estuve en circulación cultural durante dos décadas; pienso que he cumplido con mi misión: me han citado decenas de ocasiones en otros libros, y estoy listo para partir.

José, tras haber suspirado, le contó a Pedro:

  • Fui vendido en una librería del norte de la ciudad. Allí tuve una muy buena ubicación, fui comprado por un galán y me empacaron en papel de regalo con lazo y todo, para ser obsequiado como refinado presente para una dama encantadora.

Como regalo fui muy apreciado y leído de inmediato. Luego me colocaron en la biblioteca, de adorno; en el librero pasé buen tiempo sin mayor lectura. Repentinamente, la dama que me leyó por primera vez tuvo que abandonar el país y desapareció; luego, la casa fue saqueada y embargada con todos sus bienes y, sin saber ni cómo ni por dónde, llegué a una casa aparentemente normal, en la que nadie leía y, por tanto, no me apreciaban.

Fui utilizado en diferentes menesteres, que iban desde instrumento contundente para espantar y matar moscas hasta sujetador de ventanas para que no se cerraran con los vientos. También llegué a ser instrumento utilitario multifuncional cuando, con otros libros, servía para reemplazar una pata de la cama o para nivelar una mesa o un velador.

 Bueno, me ha tocado hacer de todo: juguete infantil, por lo que se produjeron la rayas en mi pasta y en algunas hojas; fui humedecido por el abandono cerca de un baño del que felizmente me salvaron al haberme llevado a un desván a cumplir la función de proteger un espejo que era empacado y, de esta manera, evitara que se rompiera. Cuando dieron utilidad al espejo, dejé de pasar en el anonimato y fui llevado a una ruma desorganizada de papeles para la venta al peso, en donde fui comprado, y en la clasificación que hizo el comprador de papel me ubicó en el grupo de libros para reciclaje y me trajo para acá, en donde tuve la grata sorpresa de encontrarte.

Tenía la esperanza de que me llevaran a un almacén de libros usados, pero no fue así. Me trajeron para acá.

Un día de aquellos en los que se encontraban distraídos, les llamó la atención la llegada de un huérfano. En el mundo de los libros se denomina «huérfano» al libro plagiado, ya que no tiene padre y quien funge de tal no lo es: intenta asumir ese rol con base en el engaño y el fraude intelectual, apropiándose de la paternidad ajena y beneficiándose de los réditos que produciría su hijo. Del lado de madre, quien lo gestó e imprimió, también los aborrece, es perseguida por las autoridades y tiene problemas judiciales, debe dar explicaciones respecto a las razones por las que no hizo las verificaciones genética y de pertenencia del ADN en los registros públicos de propiedad intelectual. En este caso, el libro queda desprotegido de todo tipo de tutela paterna y materna. La corta vida, si es que la tuvo, es de marginación y de vergüenza. Por lo general, los dictámenes judiciales, en casos como este, ordenan la incineración de toda la edición, lo que no deja huella de ellos en la sociedad literaria.

En otra ocasión, como de costumbre sin previo aviso, llegó un libro pirateado. Este caso es muy particular, ya que sin el consentimiento de los padres es reproducido en el vientre de una imprenta que hace las veces de madre; sin embargo de que en la hoja de los créditos constan los nombres originales de autor, imprenta o editorial, estos tres nunca conocieron de este tipo de edición. A pesar de que se trata de un delito comercial, que afecta los ingresos por ventas y regalías al autor, la imprenta y la editorial, se lo considera atentatorio a la propiedad intelectual; por tanto, también es perseguido por la justicia penal. Por lo general, las impresiones son masivas, para bajar los costos unitarios, ahorran bajando la calidad del papel, la tinta y, en consecuencia, de la impresión. Es adquirido por segmentos del mercado que lo necesitan y prefieren ahorrar en este rubro. Este tipo de producción, denominada «pirata», es clandestina y evade pagar impuestos, lo que la coloca completamente al margen de la Ley.

Repentinamente llegó un lote de libros esotéricos. Su arribo causó revuelo y se escuchaban algunos comentarios sobre el grupo. Los de la sección de libros religiosos comentaron que debían provenir de la biblioteca de algún aprendiz de brujo; los de la sección filosófica resaltaron la importancia del pensamiento esotérico y su aporte a la filosofía mundial, y los de la sección política liberal exhortaron al respeto para los compañeros y hoy vecinos, ya que en ese recinto debía primar la tolerancia literaria.

Cuando llegaron los libros prohibidos, lo primero que se aclaró es que deben ser originarios de otro país, porque esa práctica fue proscrita en nuestro medio. Salvo la reciente excepción de un libro que relató un genocidio en la selva oriental, que se intentó que no circulara pero que, gracias al formato digital, se publicó con gran difusión mundial y posteriormente la autoridad inquisidora no tuvo otra alternativa que autorizar la publicación.

En cuanto a prohibiciones en nuestro medio, la práctica ha sido que algún interesado o afectado trate de comprar la mayor parte de la edición de manera que tenga poca difusión entre los lectores. De los libros prohibidos, por lo general, es cambiada su pasta por una de tipo artesanal que haga difícil identificar el título original a simple vista. También sustituyen las primeras páginas, que corresponden a los créditos, el prólogo, la presentación y la dedicatoria; de esta manera esperan que el ejemplar no sea identificado.

En toda la bodega de libros se pasó una noche de tensión debido a que cayó un fuerte aguacero sobre la ciudad, con características de tempestad, acompañado de truenos y rayos. Todos los ejemplares estaban conscientes de que si alguna parte de la estructura de la edificación hubiera colapsado, habría ingresado el agua, lo que habría acabado con la existencia de libros. Felizmente no pasó nada de lo temido y todos amanecieron sanos y salvos.

Una vez superados los sustos y los sobresaltos de la noche anterior, toparon el tema de las tiendas de venta de libros usados. Se trata de un refugio alternativo para libros, que les permiten que reanuden un nuevo proceso de circulación. Es una renovación de vida. Nuevamente sales de una librería y, por lo general, eres comprado por investigadores, coleccionistas o estudiantes. La función de este tipo de tiendas debería promoverse para que funcionen en todos las ciudades, con el propósito de salvar los libros y que se difundan renovadamente.

Complementariamente a las librerías de segunda mano, todos los cantones deberían tener bajo la égida municipal un archivo histórico que se encargue de la recuperación de documentos y libros históricos, no sólo relacionados al cantón, sino además con carácter nacional, regional y mundial. De igual manera, este tipo de entidad debería encargarse de receptar la donación de bibliotecas particulares, alentando a los benefactores para que hagan el legado antes de que valioso material bibliográfico se desperdigue e incluso se pierda por falta de continuidad en su legítima tenencia y la técnica protección.

  • ¿Te imaginas, José, con esta simple política cultural, la cantidad de material bibliográfico de importancia que se habría rescatado?

José respondió:

  • La sociedad está a tiempo para adoptar este tipo de medidas. Es importante procurar a las colecciones privadas, que no pueden continuar bajo tenencia y cuidado de su dueño, una alternativa social que prolongue su vida útil y que cumpla su función cultural.

Pedro y José, como buenos hermanos, en los últimos de sus días pasaron disfrutando mutuamente de entretenidas conversaciones, que además de hacerlas orales, en ocasiones les parecía más cómodo hacerlas telepáticamente, pero lo importante era siempre estar entretenidos pensando.

Otro de los temas que les inquietaba, era el de los precios de los libros. No entendían la manera en la que se establecían los precios de venta al público. Siempre se preguntaban la razón por la que sus progenitores, de manera especial su padre, percibían tan poco dinero de la venta de libros. Este fenómeno era recurrente en el medio, ya que incluso la publicación de libros se consideraba más bien «honorífica» para el autor, puesto que no era rentable. Un autor, al menos cuando empieza, jamás podrá vivir de lo que publica y vende. La conversación de este tema fue escuchada por un vecino de anaquel, el que, por su título: La formación de los precios, era portador de conocimientos y conceptos suficientes para explicar el tema. Su nombre era Milton, de la Editorial Cuarto Mundo, nacido en 1980, quien comentó:

  • El nivel del precio de venta se determina por la calidad del ejemplar, por el tipo de pastas, la calidad de papel e impresión. También por la posición en el mercado, es decir, por la aceptación que tendrá el producto por parte de los compradores. En lo que respecta a la participación del autor, editorial-imprenta y librería, la parte de menor cuantía va a ser la del autor, ya que su aporte intelectual y sus horas de trabajo son cuantificadas con ponderaciones más bajas que las de los aportantes de los materiales tangibles y de los que hacen que el bien llegue al consumidor a través de las ventas.

Finalmente, este se trata de un negocio de «escala» que, mientras más se produce y más se vende, las utilidades de los partícipes son mayores. Por ejemplo, si el autor por concepto de sus derechos cobrara un dólar, con un tiraje de 1.000 libros, su utilidad sería de 1.000 dólares. Si mejorara el escenario y realizara un tiraje de 5.000 libros, la utilidad esperada sería de 5.000 dólares, y si, en el evento optimista, se imprimieran 100 mil libros, la utilidad esperada por sus derechos autorales sería de 100 mil dólares.

Se notaba en el ambiente que muchos libros se encontraban ávidos por conversar y expresar sus comentarios y criterios.

Intervino Yolanda, un texto de marketing y emprendimientos, la que, sin mayores detalles sobre sus antecedentes, sostuvo:

  • Otro hecho que no deja de sorprender es que algunos de los autores nuevos y otros con trayectoria se pasean con sus obras por los escenarios más inverosímiles buscando auspicios para la edición y la publicación de sus obras. Efectivamente, en el siglo XXI se buscan mecenazgos que financien la publicación de cultura. Un amplio sector empresarial ha incorporado la responsabilidad social en su gestión, por lo que ha asumido la publicación de una serie de libros que, de no ser por su apoyo, nunca habrán visto la luz. El sector público se ha mostrado parco en estas labores y más bien esquiva el compromiso con la cultura.

Pedro y José se percataron de que se había producido una tertulia no programada, en la que había intervenciones sin orden predeterminado, pero que quienes lo hacían hablaban con erudición sobre los temas que se abordaron.

Sin mayores preámbulos intervino Catita, libro que contenía un estudio sobre lingüística, que manifestó:

  • El lenguaje escrito representa para la humanidad uno de los elementos que impulsan su desarrollo. Los registros agregados sucesivamente en este lenguaje compilan una serie de ideas, conceptos, teorías, hechos históricos y demás temas, que son recopilados y mantenidos para su consulta y su posterior aprendizaje; por tanto son conocimientos que pueden ser aprovechados renovada y permanentemente para sostener bases de nuevos estudios, enfoques o tesis, que progresivamente sustentan el crecimiento y el desarrollo de la literatura, la ciencia y la tecnología, no sólo a favor de la humanidad, sino también de todos los elementos animados e inanimados que integramos este planeta y, por qué no decirlo, del universo, ya que mucho se ha escrito sobre astronomía y astrología.

Inmediatamente intervino Manuelita, un libro de historia, que manifestó lo siguiente:

  • Por ello hay que establecer la importancia del libro en el desarrollo de la humanidad, que se manifiesta desde el inicio en sus más elementales presentaciones, como las tablillas de arcilla de Mesopotamia, los papiros y los murales de Egipto, los aportes también registrados en papiros de los pueblos hebreo y griego, a los que se suman los romanos. Todos estos escritos son la base referencial para la difusión del conocimiento y la cultura occidentales. Siempre que se conversa de estos temas, se debe señalar como un hecho histórico negativo de las letras el incendio de la biblioteca de Alejandría, el que privó a la humanidad de materiales bibliográficos únicos de referencia histórica sin igual, que, de no haberse perdido, el desarrollo del pensamiento humano se habría acelerado y el renacimiento se habría adelantado siglos.

Todos los participantes estuvieron de acuerdo en la importancia del libro para el desarrollo de la humanidad y aquel principio de que lo que se escribe en un libro equivale a grabarlo en piedra, ya que las futuras generaciones, luego de décadas o incluso de siglos, podrán acceder a estos textos.

 Tomó la palabra una bella y encantadora obra, muy admirada por todos los libros presentes, a la que llamaban «Cleopatra», y era una enciclopedia, de una edición especial:

  • La edad de los libros está dada por la fecha de nacimiento y se podría dejar abierta ad infinitum, sin embargo de que se les debe reconocer que algunos tienen una edad dorada y una fama editorial permanente o prolongada en el tiempo, mientras que para otros su fama y su prestigio se desvanecen en un par de años, que es el tiempo que se encuentran vigentes en los anaqueles principales de las librerías. Pero esto no significa que su valía se haya mermado de manera alguna. El valor intrínseco de una obra es aquel que guarda en cada una de sus hojas y representa el espacio que llenó en el gran andamiaje del conocimiento, la literatura, la ciencia y la tecnología.

Repentinamente llegó un grupo de libros religiosos, llamados «misales», que habían pertenecido a un coleccionista de arte religioso. Luego de su fallecimiento, sus herederos no apreciaron este tipo de libros y decidieron realizar una venta rápida. Llegaron cubiertos de pastas negras muy usadas, lo que daba fe de su oficio cumplido a cabalidad en manos de sus dueños primigenios en muchos actos religiosos católicos; ellos se mezclaban con algunos libros de primera comunión con pastas elegantes cubiertas de diferentes materiales que imitaban el nácar, con argollas y seguros metálicos.

Uno de los más antiguos del recinto en el que se encontraban pidió a todos los participantes su atención y dijo:

  • Todos estuvieron de acuerdo con realizar una especial mención a los incunables, por considerarlos como los primeros ejemplares en la impresión, habiendo inaugurado la maquinaria de Johann Gutenberg, sin que por ello se desconociera la valía de los libros que fueron escritos a mano alzada por verdaderos escribanos y artistas que se demoraban años para elaborar un ejemplar.

Ante lo cual, un libro de historia intervino súbitamente para complementar con la siguiente información conmemorativa:

  • La denominación de «libros incunables» es concedida a aquellos ejemplares que se imprimieron entre la fecha en la que se atribuye a J. Gutenberg la imprenta con utilización de caracteres móviles: 1453, y el año 1500, coincidiendo con un medio siglo del período de la humanidad conocido como Renacimiento. Su denominación se refiere a la infancia de este oficio, ya que se lo asocia al período que utilizaba cuna. La industria tipográfica se autoabastecía de materiales, pretendió ser autárquica y cada industria tenía su correspondiente marca de agua en el papel elaborado por ellos mismo.

El libro afianzó su difusión cultural a nivel mundial y amplió su trascendencia en el siglo X, cuando se inició el academicismo basado en la fundación de las universidades.

Pedro y José se dieron cuenta de que la conversación, debido a la multiplicidad de intervenciones, había perdido su formato original, en el que el ponente de sus tesis se presentaba dando todo tipo de detalles acerca de él, obviado por razones de tiempo; las intervenciones se precedían por una ligera presentación acerca del género literario o del tema al que se ocupa el interviniente.

Solicitó la palabra un libro escrito en otro idioma y dijo:

  • El lenguaje universal del libro no admite las barreras del idioma. La realidad es elocuente, con obras que cuentan con decenas de traducciones a diferentes idiomas. Por el resto de los temas que se han abordado, estoy de acuerdo en todo lo manifestado por quienes me acompañan en esta sala de preembarque.

Inmediatamente tomó la palabra un libro de ecología y remediación ambiental:

  • Por todos es conocido que para la producción de papel se requiere de significativas cantidades de árboles y de agua. Estos materiales producen el papel, principal componente del libro. Por esto, nuestra inmolación, que ahorre árboles y agua, está plenamente justificada ante la sociedad.

La tala permanente de árboles ha lesionado gravemente los bosques del planeta. A pesar de que en las últimas décadas las materias primas han provenido de plantaciones de árboles manejadas técnicamente para maximizar la producción de madera y, por ende, de celulosa, principal materia prima del papel, la afectación ambiental subsiste.

Un libro de ciencia ficción solicitó la palabra y disertó:

  • Queridos compañeros de recinto bibliográfico, debido a mi especialización, por el manejo de la prospectiva y las proyecciones de hechos y tendencias históricas, me permito hacerles caer en cuenta que, en este momento, nos encontramos en un cambio de era. Nos ha tocado ser testigos del cambio del tiempo en el que el libro impreso, paulatinamente, va cediendo terreno al libro digital. Este cambio se manifiesta progresivo y seguramente no tiene vía de retorno. Las presentaciones de libros digitales son una de las manifestaciones, a la que se suman los blogs que difunden todo tipo de especializaciones literarias, técnicas, históricas, económicas, turísticas y de la materia que el autor prefiera. A estos dos hechos se agrega que las principales bibliotecas del mundo ofrecen sus contenidos digitalizados a través de la Red. En conclusión, es un proceso irreversible al que los lectores se irán acoplando paulatinamente. Sin embargo, siempre existirá un mercado marginal para el respaldo físico de las bibliotecas, para coleccionistas y para un segmento de lectores de élite que siempre buscarán el libro impreso.

Los sistemas de comercialización por la Red se perfeccionarán y los procesos de compra-venta se simplificarán y serán acogidos favorablemente por los usuarios. Finalmente les recuerdo que todo proceso de investigación se inicia y generalmente termina al amparo de las tecnologías de la información y la comunicación. Esto ya no es ciencia ficción, es una realidad electrónica.

Como en todo foro en el que empiezan a desorganizarse las intervenciones, llegó el turno de un impulsivo y salió un libro de matemáticas y cálculo:

  • Compañeros de tertulia, les recuerdo que en esta situación llevamos más de una semana. Hoy es el octavo día de discusión, que equivale a 192 horas sin que medie descanso; participamos en algo que nos interesa a todos, por lo que estamos a gusto y no sentimos fatiga. La tendencia de la oferta y la difusión electrónica de todo tipo de contenidos crece en progresión geométrica. Con esa tendencia, el futuro está marcado hacia la digitalización de contenidos.

De manera desordenada conversaron en diferentes grupos acerca de los best sellers, que son un caso especial de grandes ventas a nivel mundial y que las casas editoriales promocionan de manera especial para alcanzar sus metas de ventas. Para éstos, la situación de impresión se mantendrá, pero paralelamente existirá una cada vez mayor venta en formato digital.

En el caso de la Biblia y los libros sagrados de otras religiones, necesariamente deberán continuar difundiéndose también en formato impreso. Además de representar un símbolo religioso importante, la promoción y la difusión de su fe requiere que estos ejemplares se entreguen en físico a los seguidores.

Un grupo de diccionarios tomó la palabra para decir:

  • Como pueden apreciar, todos nosotros somos demasiado jóvenes para estar aquí. Casi no hemos sido utilizados. Ya los estudiantes infantiles y juveniles, todos se han decidido por realizar consultas directamente en diferentes fuentes electrónicas que dan acceso a todo tipo de diccionarios. Por lo que consideramos que las futuras ediciones serán muy reducidas y quizás incluso desaparezcan.

Un manual de psicología intervino para advertir que todos los allí presentes se encontraban de acuerdo con la eutanasia:

  • Todos nosotros somos partidarios de la eutanasia y, en este momento, hasta nuestro viaje final al contenedor en el que seremos disueltos vamos conformes y de acuerdo. Sabemos que hemos cumplido con nuestra misión, para la que fuimos creados y, por tal motivo, estamos seguros de que es nuestro deber dar paso a una nueva generación de libros. Fuimos y seremos la materia prima para los nuevos libros. Por esto vamos satisfechos a buscar nuestra muerte física asistida e indolora por parte de manos expertas en este oficio. Seguros que con nuestro sacrificio miles de árboles alargarán o salvarán sus vidas y miles de litros de agua se ahorrarán en la elaboración de papel. Todos vamos seguros y convencidos de que la eutanasia ha sido la mejor decisión.

Pedro y José sintieron un movimiento súbito que los arrancaba del anaquel sobre el que descansaban y fueron llevados a un medio de transporte adaptado para acarrear cargas y movilizarse en pequeños lugares. Esta fue la última vez que se vieron, ya que en el vehículo les tocó ocupar lugares diferentes y con muchos libros de por medio.

Luego de un viaje corto y lleno de tensión, sintieron el frenazo del vehículo y notaron inmediatamente que el contenedor en el que les ubicaron empezó a elevar su lado posterior del piso, haciendo que la gravedad hiciera el trabajo de remover y deslizar a los ocupantes hacia delante. Sintieron un poco de desorden pero, al fin, un repentino golpe de aire les hizo saber que estaban volando, hasta que llegaron a topar un líquido caliente, mezcla de agua y ácidos, en el que lo único que avanzaron a escuchar fue un fuerte siseo, de la acción de los químicos y el agua sobre el papel. No sintieron nada más. Se había dado la transmutación química del libro.

Portada: https://www.freepik.es/foto-gratis/dos-libros-mesa-biblioteca_1465197.htm

 

 

Fernando Larrea Estrada, escritor e investigador socioeconómico ecuatoriano, nace en Otavalo en 1960, estudiando en la Universidad Central del Ecuador, con postgrado en el área económica, tanto nacional como internacionalmente.
Además, cuenta con la publicación de dos libros: “Modesto Larrea Jijón, Vida y Legado”, en el 2015 y “Elementos del Comercio Internacional”, 2013.
Ha publicado varios artículos especializados. Vinculado a organismos internacionales: Fondo Monetario Internacional FMI y Organización de los Estados Americanos, OEA y diferentes Instituciones públicas entre las que incluyen la Contraloría General del Estado y el Ministerio de Relaciones Exteriores.
En la actualidad es miembro del Directorio del Colegio de Economistas de Pichincha.

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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