
Fuente oral: Gonzalo Rubio Rueda
Recopilación: Dorys Rueda, 1983
Adaptación: Dorys Rueda, 2026
Un hombre extraño suele caminar por las calles de Otavalo en el mes de diciembre. No corre ni apura el paso. Anda despacio. La mayoría dice que es Papá Noel, porque viste de rojo, lleva barba blanca, botas negras y carga un saco bien pesado.
Pero a los abuelitos nadie los engaña. Dicen que debajo de ese traje hay algo escondido. Que ahí, donde nadie mira, se asoman unos cuernos y una cola larga. Y que no es Papá Noel, sino alguien que viene a confundir.
Cuando ya falta poco para Navidad, ese personaje se sienta en el parque Bolívar. Parece saber quién pasa por delante pensando solo en juguetes caros y cosas bonitas. A esos les sonríe, les habla suave y les promete regalos. Solo les pide que escriban su nombre en un papelito. Y claro, todos se emocionan, porque en Nochebuena el hombre vuelve con la bolsa llena de regalos
Pero cuando la Navidad termina, los que aceptaron los obsequios empiezan a sentirse raros. A veces tristes. A veces enojados sin saber por qué. Poseen dinero, bienes y lujos, pero son infelices.
Por eso, nuestros padres nos cuentan esta historia cuando se acerca la Navidad, para recordarnos que en Nochebuena lo más importante no son los regalos, sino el cariño de la familia, cantar villancicos al Niño Jesús y ayudar a quien lo necesita.
Y siempre terminan hablando en voz bajita, diciendo:
“Cuando algo brilla demasiado, acuérdate: no todo lo que brilla es oro".
