
Había una vez, en un lejano lugar lleno de montañas y ríos, una niña llamada Celia. Ella vivía con Dioselina Ampudia, su hermana mayor. Se encargaba de cuidar la casa y de hacer las tareas del hogar. A veces, cuando se les acababa la sal o los fósforos, Celia tenía que salir a pedir ayuda a los vecinos. Pero el camino que debía recorrer no era fácil: debía cruzar puentes de madera sobre ríos que a veces se volvían muy peligrosos por las lluvias.
Un día, mientras Celia caminaba por su sendero, el cielo se oscureció de repente y las nubes comenzaron a soltar una lluvia intensa. Un leve temor la invadió, ya que en ese lugar no había nadie más y temía quedar atrapada entre los puentes. En su mente empezaron a surgir recuerdos de un enorme perro negro que había visto antes en el camino. Aunque le había contado a su hermana sobre este extraño can, ella nunca tomó ninguna acción al respecto.
De repente, vio una pequeña luz brillando frente a ella. Era el mismo perro negro que antes había visto. Ahora se había aparecido de la nada. El animal tenía algo muy especial: una luz brillante que salía de su frente, como si fuera una estrella. El perro se paró en el camino y no dejaba que Celia pasara. Ella intentó regresar, pero el animal la bloqueó. Después, todo se volvió oscuro.
Una mujer indígena la encontró desvanecida. Cuando su hermana llegó al lugar, Celia despertó y, temblando, le dijo: "¡El perro, el perro!" y les contó cómo el extraño animal la había bloqueado en el camino.
La mujer que la había encontrado dijo: "Esa criatura que vieron en el camino no era un perro común. Era el Carbunco, un ser mágico y misterioso que se dice que habita en estos lugares. Tiene una gran esmeralda incrustada en su frente, que brilla con intensidad, especialmente cuando está cerca de la gente. Se dice que el Carbunco no es malvado, pero guarda secretos muy poderosos sobre la naturaleza y la vida. Si alguien tiene la suerte -o la desgracia- de cruzarse con él, debe tener mucho cuidado. La criatura no permite que los humanos interfieran con sus secretos y su presencia siempre significa que algo muy importante está en juego”.
Al oír las palabras de la mujer, un escalofrío recorrió el cuerpo de la hermana de Celia, quien comenzó a pensar con inquietud en lo cerca que estuvo su hermana de caer al río. Fue en ese instante cuando entendió que el encuentro con esa criatura mágica no solo había sido algo extraño, sino una lección valiosa sobre los territorios y seres desconocidos que habitan en el lugar, y la necesidad de respetar los misterios de la naturaleza.