Esta historia se la contó Kimberlyn Meilyn Vicente Ávila a su profesor Óscar Ruiz, quien me la compartió en marzo de 2026. A continuación, la reproduzco tal como él me la refirió.
Existe una creencia popular que advierte que escuchar un presentimiento en el oído derecho antes de casarse es un mal presagio. Se dice que esta advertencia viene de Ivonne, un espíritu que persigue a quienes traicionan, porque ella conoció el dolor de una promesa de matrimonio rota.
Hace más de cincuenta años, en Loja, Ivonne, una mujer de cabellos oscuros y ojos cafés, estaba por casarse con Erick, un carpintero que hacía puertas y muebles para las familias del barrio. Todo estaba listo: el vestido blanco, los invitados y los platos típicos para la celebración. Las vecinas comentaban que sería una boda muy alegre y, en la casa de la joven, todo el tiempo se escuchaban risas, conversaciones y los preparativos para la fiesta.
Pero mientras todos hablaban del matrimonio, Erick escondía algo. Detrás de sus promesas y de las palabras bonitas que le decía a Ivonne, había una traición que nadie sospechaba.
Una semana antes de la boda, Ivonne encontró a Erick besando a otra mujer en su taller. Al verlo, sintió que el corazón se le rompía.
Cuando le reclamó, el joven, cegado por el enojo, la golpeó y la amenazó con destruir a su familia si ella cancelaba la boda. La muchacha, temiendo por los suyos y con el corazón roto, salió de la casa y se fue por unos días a vivir al convento de San Juan Bautista. Allí tramó un plan para vengarse de Erick.
Al día siguiente, volvió al taller. Al verla, el muchacho creyó que su novia lo había perdonado. La joven, con una sonrisa cálida, le invitó a ir al convento.
Cuando llegaron, Ivonne le pidió que la esperara en la entrada, pues iba a cambiarse de ropa.
Minutos después salió vestida con su traje blanco de bodas y, con rabia, le dijo:
—Yo te vi con ella y por eso tú me golpeaste. Me amenazaste incluso con destruir a mi familia. Pensaste que podía callar y aceptar todo así de fácil.
Erick se arrodilló y suplicó perdón, pero la muchacha, con una sonrisa distorsionada, tomó una navaja y comenzó a incrustársela en el pecho.
Antes de que muriera, sentenció:
—Eres mi primera víctima, pero no serás la última. Me vengaré de todos los infieles. Ninguna mujer merecerá pasar por lo que yo viví. Los hombres pagarán por cada golpe y por cada traición —sentenció.
Después de decir esas palabras, tomó la misma navaja y acabó también con su vida.
Desde entonces, las noches alrededor del convento de San Juan son de terror. Ivonne, envuelta en un vestido blanco manchado de rojo oscuro, busca a los hombres que traicionan su palabra de amor. Se disfraza y aparece en bares, ofreciendo encuentros clandestinos. A los que aceptan, les quita la vida.
En Loja, las abuelitas advierten a las parejas que van a casarse que sean fieles, porque Ivonne no perdona a quienes rompen sus promesas. Dicen que, en algunas noches frías, su figura aparece caminando bajo la luz tenue de los faroles, mientras un susurro en el oído derecho anuncia un mal presagio antes de una boda. Por eso, las personas mayores repiten que el amor no debe sostenerse en mentiras, porque Ivonne siempre encuentra a los traidores.
