Dorys Rueda

 

La Laguna de Yambo, situada entre Ambato y Latacunga en la provincia de Cotopaxi, es un lugar cargado de misterio y leyendas. En tiempos prehispánicos, este sitio fue el escenario de rituales de guerra realizados por los panzaleos, una de las etnias de la región, quienes tocaban tambores cuyas vibraciones se escuchaban en las montañas cercanas, invocando a sus dioses. Hoy en día, la laguna sigue envuelta en una atmósfera de silencio y niebla, ocultando en sus aguas un oscuro secreto: la trágica desaparición de un tren antiguo, que dio origen a una de las leyendas más escalofriantes de la zona.

El tren, conocido como el "Tren Negro", era un transporte viejo y desgastado que circulaba por una vía férrea que bordeaba la laguna. Aunque había sido una vez un símbolo de progreso, su estado deteriorado daba una sensación de abandono. Su pintura, oscura y corroída por el paso del tiempo y la humedad, reflejaba su avanzado deterioro. Sin embargo, a pesar de su mal estado, el tren seguía operando, cruzando paisajes sombríos y desolados, donde el viento parecía susurrar viejas historias. Aquellos que lo veían pasar, especialmente en las cercanías de la laguna, no podían evitar sentir una extraña inquietud.

Una noche fatídica de Viernes Santo, mientras el tren realizaba su habitual recorrido desde Quito hacia Riobamba, la locomotora se detuvo en medio del trayecto. La intensa lluvia había provocado un derrumbe, un deslizamiento masivo de tierra y piedras que bloqueaba la vía férrea. Los trabajadores ferroviarios, acostumbrados a este tipo de imprevistos, trabajaron sin descanso durante todo el día, enfrentando barro y rocas para despejar el paso. No obstante, la tormenta continuó y la oscuridad comenzó a envolver todo a su alrededor. Finalmente, tras un arduo esfuerzo, la vía fue despejada y el tren pudo continuar su marcha, sin saber que esa noche lo esperaba un destino trágico.

Cuentan los mayores que, al pasar por Salcedo antes de las once de la noche, el tren se dirigió hacia el sector de Yambo, donde la tormenta había arrasado con la vía. Allí, el desastre ocurrió. El tren se descarriló con un rugido estremecedor y los pasajeros, que dormían exhaustos, fueron despertados por la violenta caída. Algunos alcanzaron a gritar pidiendo perdón, mientras otros imploraron la salvación por haber viajado en un día tan sagrado. El tren, con su resonante silbido, se precipitó al vacío, hundiéndose en las aguas profundas y misteriosas de la laguna.

Desde aquella fatídica noche, no se halló rastro alguno del tren ni de sus pasajeros. Se cree que todos perdieron la vida en el accidente, pero sus almas quedaron atrapadas en las insondables aguas de la laguna, condenadas a vagar eternamente. La tragedia, lejos de desvanecerse con el tiempo, fue tejiéndose cada vez más en el imaginario colectivo, creciendo en misterio y angustia. Cada Viernes Santo, exactamente a la medianoche, los lugareños aseguran que el aire se llena de un espantoso silbido que corta la quietud de la noche: el silbido del "Tren Negro", que parece emerger de las profundidades. A su paso, los ecos de los gritos desesperados de las almas perdidas resuenan, como si aún estuvieran atrapadas en el tren, recorriendo un destino sin fin. Las voces de los muertos se mezclan con el retumbar del tren, creando una atmósfera cargada de dolor y desesperación, como si las aguas sin fondo de la laguna guardaran para siempre el sufrimiento de aquellos pasajeros. El silbido recuerda a todos que las tragedias no se olvidan y que, de alguna manera, el tren sigue su marcha en la oscuridad de la noche, buscando una redención que jamás alcanzará. Además, se dice que, cuando el viento sopla fuerte y la niebla cubre la superficie de la laguna, es posible ver luces titilantes que emergen de la oscuridad, como si el tren aún recorriera sus vías, buscando regresar a su destino fatal. Algunos de los más valientes aseguran haber sentido una presencia extraña, como si el propio tren estuviera esperando, acechando en la penumbra.

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
  • mailelmundodelareflexion@gmail.com
  • mapOtavalo, Ecuador, 1961.

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