Todavía se sigue hablando del Riviel en muchas comunidades afroecuatorianas de Esmeraldas. Son los mayores quienes más cuentan esas historias, como una advertencia que ha pasado de una generación a otra.

Dicen que el Riviel puede aparecer en cualquier momento, pero más cuando el río se queda demasiado tranquilo, justo antes de que llegue una tormenta. Ahí el agua parece detenerse por completo. No se oye casi nada. Hasta los perros se callan y el viento baja, como si todo estuviera esperando algo. La gente entonces empieza a mirar el río de otra manera, con cuidado, evitando hablar muy fuerte.

Y después llega la risa.

Una risa que le pone la piel fría a cualquiera. No es fuerte, pero se mete despacio en el cuerpo. Lo raro es que parece escucharse desde todas partes al mismo tiempo… y también de ninguna. A veces viene del monte. Otras, del agua misma. Y hay quienes dicen que la sintieron muy cerca, detrás de ellos, aunque estuvieran completamente solos. 

Por eso los pescadores casi nunca salen solos en la noche, porque es en la oscuridad y en ese silencio donde, según dicen, el Riviel se mueve con más facilidad. Muchos prefieren esperar a que amanezca o ir acompañados, aunque sea por un momento. Y cuando les toca cruzar el río de noche, algunos rezan bajito o evitan mirar demasiado hacia el agua.

Hay quienes juran haberlo visto cruzando el río en una canoa con forma de ataúd. Dicen que aparece despacio, casi sin hacer ruido, como si la corriente no lo tocara. Lleva un remo en forma de cruz, no tanto para avanzar, sino como una señal de algo oscuro, algo que no pertenece del todo a este mundo. Y también carga una lámpara cuya luz no alumbra de verdad. Al contrario. Dicen que alrededor de esa luz todo se vuelve más confuso, como si la neblina bajara de golpe sobre el río.

Con los años, los ribereños aprendieron a andar con cuidado. Para muchos pescadores, la red y el arpón no son solo herramientas de trabajo; también son una forma de protección contra el espectro. Y están el Padrenuestro y la Ave María, cuando les toca cruzar el río de noche. Algunos incluso prefieren no hablar mientras avanzan por el agua. Otros bajan la mirada o hacen la señal de la cruz antes de seguir. Son cosas que fueron aprendiendo de los mayores, como quien aprende a respetar algo que no entiende del todo, pero que sabe que está ahí.

Hay quienes cuentan que el Riviel cambia de forma según el momento. Algunos afirman que, a veces, aparece como un ser sin rostro que se desliza sobre las olas en una tabla iluminada por una lámpara. Otros juran que se muestra como una sombra fantasmal, moviéndose por el agua con la tranquilidad de quien sabe que ese lugar le pertenece. Y también hay quienes afirman haber visto apenas una sombra pasando entre la neblina, tan rápido que uno ya no sabe si realmente qué vio o si la visión es producto del miedo.

Y aunque mucha gente quiera encontrarle una explicación lógica, la leyenda sigue viva. Hay pescadores que dicen que el Riviel anda más inquieto que antes. Hablan de luces raras sobre el agua y de compañeros que salieron una noche a pescar… y nunca volvieron. Después de eso, el río queda más callado. Y la gente también.

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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