
"El pirata Lewis que vivió en Floreana y murió en San Cristóbal, fue protagonista de una historia por demás extraña.
Para empezar, nadie sabe de dónde vino ni quién era. Nadie sabe además, qué hacía en Galápagos.
Una vez que los trabajadores sublevados mataron a don Manuel Julián Cobos, el pirata decidió quedarse en San Cristóbal.
De tiempo en tiempo abandonaba la isla, nadie sabe con qué propósito y luego continuaba su vida tranquila y monótona, entregado a sus recuerdos.
Por esos azares de la vida, se hizo amigo del señor Manuel Augusto Cobos y como sentía que su fin estaba próximo, decidió revelarle el secreto de sus esporádicos viajes.
El pirata Lewis tenía enterrado un tesoro en alguna isla del archipiélago y cuando tenía apuros económicos visitaba en una destartalada chalupa a la isla donde tenía escondido el dinero y volvía con lo suficiente para solventar sus escasas necesidades por algún tiempo.
Para el efecto tomaron entonces una embarcación de pesca y acompañados de cuatro marineros se hicieron al mar. Cosa curiosa, a la mitad del trayecto el Pirata Lewis empezó a actuar como loco. Saltaba y gritaba sin ton ni son.
Al ver don Manuel Augusto Cobos, pidió a los marineros que regresaran a San Cristóbal y cuando desembarcaron en la isla, el pirata le contó al señor Cobos que tuvo que actuar así porque se enteró que los marineros planeaban matarle a él y al señor Cobos una vez que se desenterrara el tesoro.
Tiempo después murió el Pirata Lewis y con él quedó enterrado el sitio donde tenía guardado su tesoro" (1).