
Aquella tarde la plaza estaba llena y los vendedores recogían sus puestos cuando el reloj comenzó a sonar.
La primera campanada atravesó la plaza.
La segunda hizo bajar las voces.
La tercera encontró a varios mirando el reloj.
La cuarta tardó demasiado.
La quinta dejó al pueblo en silencio.
Y la sexta cayó sobre la plaza.
Minutos antes de las seis, las parejas callaban. Algunos matrimonios no llegaban a la séptima campanada. Los ladrones evitaban la plaza y hasta los borrachos aprendían a bajar la voz. Los negocios cerraban temprano y las mujeres llamaban a sus hijos antes de que sonara la última campanada.
Tomás, un niño de once años, levantó la voz en medio de la plaza:
—¿Por qué en el cementerio hay una tumba con mi nombre?
Nadie se movió.
Su madre dejó caer la bolsa. Las naranjas rodaron por el suelo sin que nadie intentara recogerlas.
Y nadie quiso mirarla.
Dorys Rueda, Cuentos en voz baja, volumen 2, obra inédita, 2026.
