
El Amor, harto de ser confundido con la posesión, el deseo y la costumbre; de cargar culpas ajenas en crímenes y guerras; de ser gritado en canciones vacías; de ser prometido sin intención de cumplirse; de ser invocado para justificar heridas; y de ser usado como excusa en juicios de propiedad, decidió cambiar su nombre. Desde entonces fue El Silencio. Muchos lo sintieron por primera vez.
Dorys Rueda, Cuentos en voz baja, volumen 2.
