No venía de ninguna parte. Por eso entró.

Al principio fue apenas un rastro, una oxidación leve en el aire, algo que no debía notarse y, sin embargo, volvía.

El segundero fue el primero en sentirlo: un sabor metálico, irregular, que iba y venía con cada vuelta. Era un aroma que aumentaba y dolía.

El minutero lo percibió más tarde, no de golpe, sino cuando intentó avanzar. El aroma ya estaba ahí, ocupando el espacio exacto entre un minuto y otro.

Forzó el movimiento. El sabor volvió. Entonces, se detuvo.

Los números comenzaron a oxidarse por dentro. No se borraron. No cayeron. Se quedaron mirando la misma hora.

El reloj sostuvo el aroma.

El reloj cedió.

El aroma ocupó lo que todavía latía.

 

Dorys Rueda, Cuentos en voz baja, 2026

Visitas

005828279
Today
Yesterday
This Week
Last Week
This Month
Last Month
All days
250
4994
5244
5775327
5244
163629
5828279

Your IP: 162.120.186.111
2026-03-02 01:15

Contáctanos

  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
  • mailelmundodelareflexion@gmail.com
  • mapOtavalo, Ecuador, 1961.

Siguenos en