Por: Dorys Rueda

 

Después de revisar algunas fuentes, coincido con quienes afirman que:  la  idea principal es un enunciado que expresa lo más importante del escrito y que su análisis nos lleva a desentrañar el sentido medular del texto. También coincido con quienes aseveran que en el texto aparecen otros enunciados que  son menos importantes y  aparecen en torno a las ideas principales, para describirlas, ejemplificarlas o reforzar su sentido, y si prescindimos de estas ideas,   no se altera el sentido del texto. hablamos entonces, de las ideas secundarias.

Ahora bien, la idea principal puede aparecer al inicio del párrafo, en el medio de éste o al final.  Algunas veces,  en forma explícita y la podemos identificar por ciertas marcas y señales que aparecen en el escrito. Por ejemplo, los títulos o subtítulos, una frase o ciertas palabras que sintetizan la idea. También podemos llegar a las ideas principales, si suprimimos las ideas secundarias.

Hay que tener cuidado y no pensar que cada párrafo siempre contiene una idea principal. Recordemos que hay párrafos cuya función es exclusivamente, enlazar a un párrafo con otro.

Ahora vamos a ejercitarnos en el reconocimiento de ideas principales e ideas secundarias, a través de un relato corto titulado La Gallina,  de la escritora brasileña, Clarice Lispector (1920-1977):

 

EJERCICIO PRÁCTICO

Fase I: Investigación y Escritura

Consulte la época en que vivió la autora, breves   rasgos de su vida y el estilo que la caracterizó. Resuma la información en una hoja como máximo.

Fase II: Lectura Rápida y Escritura

  1. Una vez investigada la época a la que pertenece el autor, su vida y  su estilo, realice una  lectura rápida  del cuento La Gallina, para entender a cabalidad su contenido.
  2. Conteste: ¿qué aspectos le llamaron más la atención. Escriba la respuesta en dos párrafos, como máximo.

Fase III: Lectura atenta y Escritura

  1. Realice una segunda lectura, ésta vez atenta. Utilice un lápiz o un esferográfico para subrayar.
  2. Identifique las palabras, frases o enunciados que expresen lo más importante del escrito. Vaya párrafo a párrafo, pero tenga presente que no siempre cada uno contiene una idea principal.

Para facilitar la tarea, en los dos párrafos iniciales del relato hemos señalado las marcas que nos llevan a las ideas principales. Realice un listado de ellas y luego extraiga la idea o ideas principales del relato de Lispector.

 
UNA GALLINA
 
 Clarice Lispector
 

 Era una gallina de domingo. Todavía vivía porque no pasaba de las nueve de la mañana. Parecía calma. Desde el sábado se había encogido en un rincón de la cocina. No miraba  nadie, nadie la miraba a ella. Aun cuando la eligieron, palpando su intimidad con indiferencia, no supieron decir si era gorda o flaca. Nunca se adivinaría en ella un anhelo.

 Por eso fue una sorpresa cuando la vieron abrir las alas de vuelo corto, hinchar el pecho y, en dos o tres intentos, alcanzar el muro de la terraza. Todavía vaciló un instante -el tiempo para que la cocinera diera un grito- y en breve estaba en la terraza del vecino, de donde, en otro vuelo desordenado, alcanzó un tejado. Allí quedó como un adorno mal colocado, dudando ora en uno, ora en otro pie. La familia fue llamada con urgencia y consternada vio el almuerzo junto a una chimenea. El dueño de la casa, recordando la doble necesidad de hacer esporádicamente algún deporte y almorzar, vistió radiante un traje de baño y decidió seguir el itinerario de la gallina: con saltos cautelosos alcanzó el tejado donde ésta, vacilante y trémula, escogía con premura otro rumbo. La persecución se tornó más intensa. De tejado en tejado recorrió más de una manzana de la calle. Poca afecta a una lucha más salvaje por la vida, la gallina debía decidir por sí misma los caminos a tomar, sin ningún auxilio de su raza. El muchacho, sin embargo, era un cazador adormecido. Y por ínfima que fuese la presa había sonado para él el grito de conquista.

Sola en el mundo, sin padre ni madre, ella corría, respiraba agitada, muda, concentrada. A veces, en la fuga, sobrevolaba ansiosa un mundo de tejados y mientras el chico trepaba a otros dificultosamente, ella tenía tiempo de recuperarse por un momento. ¡Y entonces parecía tan libre!

Estúpida, tímida y libre. No victoriosa como sería un gallo en fuga. ¿Qué es lo que había en sus vísceras para hacer de ella un ser? La gallina es un ser. Aunque es cierto que no se podría contar con ella para nada. Ni ella misma contaba consigo, de la manera en que el gallo cree en su cresta. Su única ventaja era que había tantas gallinas, que aunque muriera una surgiría en ese mismo instante otra tan igual como si fuese ella misma.

Finalmente, una de las veces que se detuvo para gozar su fuga, el muchacho la alcanzó. Entre gritos y plumas fue apresada. Y enseguida cargada en triunfo por un ala a través de las tejas, y depositada en el piso de la cocina con cierta violencia. Todavía atontada, se sacudió un poco, entre cacareos roncos e indecisos.

Fue entonces cuando sucedió. De puros nervios la gallina puso un huevo. Sorprendida, exhausta. Quizás fue prematuro. Pero después que naciera a la maternidad parecía una vieja madre acostumbrada a ella. Sentada sobre el huevo, respiraba mientras abría y cerraba los ojos. Su corazón tan pequeño en un plato, ahora elevaba y bajaba las plumas, llenando de tibieza aquello que nunca podría ser un huevo. Solamente la niña estaba cerca y observaba todo, aterrorizada. Apenas consiguió desprenderse del acontecimiento, se despegó del suelo y escapó a los gritos:

-¡Mamá, mamá, no mates a la gallina, puso un huevo!, ¡ella quiere nuestro bien!

Todos corrieron de nuevo a la cocina y enmudecidos rodearon a la joven parturienta. Entibiando a su hijo, ella no estaba ni suave ni arisca, ni alegre ni triste, no era nada, solamente una gallina. Lo que no sugería ningún sentimiento especial. El padre, la madre, la hija, hacía ya bastante tiempo que la miraban sin experimentar ningún sentimiento determinado. Nunca nadie acarició la cabeza de la gallina. El padre, por fin, decidió con cierta brusquedad:

-¡Si mandas matar a esta gallina, nunca más volveré a comer gallina en mi vida!

-¡Y yo tampoco -juró la niña con ardor.

La madre, cansada, se encogió de hombros.

Inconsciente de la vida que le fue entregada, la gallina empezó a vivir con la familia. La niña, de regreso del colegio, arrojaba el portafolios lejos sin interrumpir sus carreras hacia la cocina. El padre todavía recordaba de vez en cuando: ¡"Y pensar que yo la obligué a correr en ese estado!" La gallina se transformó en la dueña de la casa. Todos, menos ella, lo sabían. Continuó su existencia entre la cocina y los muros de la casa, usando de sus dos capacidades: la apatía y el sobresalto.

Pero cuando todos estaban quietos en la casa y parecían haberla olvidado, se llenaba de un pequeño valor, restos de la gran fuga, y circulaba por los ladrillos, levantando el cuerpo por detrás de la cabeza pausadamente, como en un campo, aunque la pequeña cabeza la traicionara: moviéndose ya rápida y vibrátil, con el viejo susto de su especie mecanizado.

Una que otra vez, al final más raramente, la gallina recordaba que se había recortado contra el aire al borde del tejado, pronta a renunciar. En esos momentos llenaba los pulmones con el aire impuro de la cocina y, si se les hubiese dado cantar a las hembras, ella, si bien no cantaría, cuando menos quedaría más contenta. Aunque ni siquiera en esos instantes la expresión de su vacía cabeza se alteraba. En la fuga, en el descanso, cuando dio a luz, o mordisqueando maíz, la suya continuaba siendo una cabeza de gallina, la misma que fuera desdeñada en los comienzos de los siglos.

Hasta que un día la mataron, se la comieron y pasaron los años.

Ahora bien, hay que tener presente, que no todos los textos  son iguales y que cada uno nos exige, de modo distinto. De ahí que no haya recetas ni normas exactas o rígidas para aplicar de manera igual, en todos los casos.  Por ejemplo, no es lo mismo descubrir la idea principal en un fragmento corto que en una novela.

Hay textos largos, por ejemplo, donde hay más de una idea principal. Lo que debemos hacer en estos casos es examinar hacia dónde apuntan estas ideas, para ver el  rasgo común que las une. Luego, construimos una frase que sintetice a  todas. Esta frase construida sería la idea principal.

Hay textos donde la idea principal no aparece de manera explícita. En este caso, es el lector quien debe inferir del texto.  Pero la tarea se complica en textos extensos, como las novelas, por ejemplo, donde la idea principal está en el mismo tema de la obra.

 EL TEMA

En la literatura, el tema recoge el pensamiento o sentimiento que transmite el escritor. El tema encierra a la idea o ideas principales de un texto.

Un camino fácil para llegar al tema podría ser el estudio de  los personajes. Estudiarlo que hacen,  lo que no hacen,  lo que dicen,  lo que no dicen,  lo que defienden y  lo que censuran. Analizar su carácter y sentimientos, como el amor, la pasión, la crueldad,  la insurrección, el desengaño.

Si  en un texto, el tema central es “la solidaridad”, la idea central vendría a ser, lo que se dice sobre el tema de la solidaridad.

En los textos extensos, como novelas, obras de teatro y los cuentos de cierta extensión, el tema condensa  la idea o las ideas principales.  Es abstracto y es universal, porque se ha repetido a lo largo de la historia, en distintas épocas, en distintas culturas. Ejemplos de temas serían: la ambición, la generosidad, la amistad, el amor, la vida, la muerte, el destino, la comunicación, el deseo de libertad.

La idea central, al contrario del tema,  es concreta, va explicada.

Hay textos que pueden contener más de un tema (amor y odio). En estos casos, nuestra tarea no será tan sencilla. Pero se volverá más simple, a medida que adquiramos práctica.

 
 
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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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  • mapOtavalo, Ecuador, 1961.

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