Informante: Rosa Elena Cárdenas
Recopilación: Viviana Toapanta
Transcripción: Dayanna Flores
Viviana Toapanta
 Enero de 2018
 
 

La historia extraña que procederé a contar ocurrió hace muchos años en la Vaquería, un Barrio ubicado en la Parroquia de Amaguaña (Quito-Ecuador). La viví junto a mi esposo a la edad de 27 años. Era la época en la que los capitalinos solían salir a coger catzos blancos para consumirlos. En la madrugada, salimos de la casa de mi suegra en la moto que en ese tiempo tenía mi esposo y nos dirigimos a unos cerros por la parte de Pucará Alto, en los bosques de la hacienda del Rosario.

Llegamos allá casi a las cinco y veinte de la mañana, porque a eso de las cinco y media empezaban a volar esos bichitos. A esa hora, el cielo estaba por abrirse, con esas franjitas blancas, iluminando lo que se encontraba oscuro. Nos agachamos a buscarlos. Estando así, escuchamos un grito horroroso que nos paró los pelos de punta y nos quedamos espantados.

Cuando regresamos a ver al frente, justo donde se encuentra el tanque de reservorio de agua que suministra a Quito, que se llama de Sevilla Martínez, vimos una figura negra inmensa parada sobre los tanques. Si los tanques eran inmensos, la imagen era más grande que los tanques. Era una cosa monstruosa, de color negro, con un rostro grotesco. Alzó sus manos que eran como alas, nos quedó viendo y se lanzó para adentro, a una quebrada llamada Chuza Longo.

Mi esposo lo que hizo fue coger la moto y salir ambos volando a la casa. Desde ahí, no hemos vuelto allá. No sabemos qué mismo vimos, si a un demonio, a un cuco o a un fantasma. Sólo tenemos la certeza de que fue algo horrible.

 

 
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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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