Informante: Betty Vega Pérez
ecopilación: Micaela Toledo
Transcripción: Pamela Chango
 Enero, 2018
 
 Hace algunos años, en la parroquia de Tumbaco, mi padre asistió a un evento de trabajo que tuvo lugar en los alrededores del Parque Central de Tumbaco. Allí se encontraba, como ahora, una de las iglesias más conocidas, considerada un patrimonio colonial, debido a su fundación hace ya más de cincuenta años. La casa se encontraba muy cerca de allí, a apenas unas dos cuadras.

Debido a la cercanía entre la casa y el lugar de la reunión, mi padre aceptó gustosamente quedarse hasta tarde. Cabe mencionar que, para aquellos años, los robos o secuestros no ocurrían con frecuencia, como sucede en la actualidad. Mi padre, al regresar a la casa, no tuvo ningún problema en bajar caminando. Sin embargo, al cruzar frente a la iglesia, una sensación extraña lo envolvió. Sintió que alguien le estaba siguiendo.

Él nunca imaginó que fuese algún ladrón. Pensó, más bien, que algún vecino estaba caminando por allí, pero por las dudas, prefirió acelerar el paso. No obstante, la sensación de que alguien lo seguía, se intensificó aún más. Le venció la curiosidad y decidió mirar hacia atrás. Entonces, observó la figura de lo que parecía ser una mujer, cubierta con un manto negro, que estaba sentada en las bancas de la iglesia. Al verla, mi padre se paralizó del miedo. Notó que la mujer parecía acercarse a él. Entonces,  intentó correr desesperadamente. Sin embargo, su cuerpo parecía no moverse y a cada movimiento, se sentía más débil y sin fuerzas. Logró caminar hasta la esquina del parque, en donde decidió nuevamente regresar a ver atrás. Vio que la mujer se había levantado de la banca, y lo miraba fijamente. Mi padre atemorizado empezó a orar, mientras corría con la esperanza de llegar a tiempo a la casa. Al llegar, golpeó la puerta fuertemente y mi madre salió corriendo a abrirle. Allí, él le contó todo lo que le había sucedido.

Mis padres pensaron que probablemente la mujer era la Llorona, sumamente conocida en Tumbaco, por manifestarse frente a hombres borrachos y viciosos que frecuentaban las calles a altas horas de la noche.

En Tumbaco, éste no fue el único caso, me comentó mi padre. De hecho, hubo muchos casos similares, en que hombres que caminaban a altas horas de la noche, afirmaron haber visto a una mujer de velo negro, que estaba por la Iglesia, al acecho de una víctima.

 

Portada: Pamela Chango

 

Informante
Betty Vega Pérez nació en Tumbaco (Pichincha, Ecuador), donde reside hasta la actualidad. Tiene 40 años. Es tecnóloga en laboratorio clínico y realizó sus estudios en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador.

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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  • mapOtavalo, Ecuador, 1961.

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