Fuente oral: Ángel Rueda Encalada1
 Recopilación y Transcripción: Dorys Rueda
 Otavalo, 1985
 
 
Cuentan que hace muchísimos años, cuando en Otavalo había una sola iglesia, había un sacristán que era tremendamente pícaro.  Los domingos esperaba afuera del Templo a que llegaran las chicas jóvenes y cuando éstas pasaban por su lado, les lanzaba una serie de piropos que les hacía sonrojar y apresurar el paso. Dentro de la Iglesia, cuidándose de que los padres de las jóvenes no lo vieran, les guiñaba un ojo y  al menor descuido, las quería pellizcar. A la salida, cuando las muchachas se alejaban, empezaba a silbarles para llamar la atención de las chicas que nunca volteaban a  verle. Pero el momento en que los hermanos sí lo hacían, les decía en voz muy alta para que todos lo escucharan: "Cuñado, regresa".
 
El hombre era tan pícaro que  cuando  veía a los borrachos en la calle en la madrugada, haciéndose el samaritano, se ofrecía acompañarles a sus casas. Cuando llegaban y querían abrir las puertas, el hombre les sujetaba fuertemente del saco y luego les amarraba con una cuerda al poste de la luz, para que las esposas más tarde los encontraran de esa manera. A las siete de la mañana el pícaro volvía por el lugar y  haciéndose el bueno, avisaba a las mujeres que sus maridos estaban pegados al poste. La diversión para él era grande cuando las pobres señoras, atónitas,  vislumbraban el dantesco cuadro.
 
La última actividad del pícaro fue ir a la madrugada del tercer día de velación de algún muerto, cuando los familiares y los amigos del difunto se dormían por el agotamiento  de los días anteriores. El sacristán, entonces, se dirigía al ataúd y sentaba al muerto en una silla y luego se marchaba. Todo para que  cuando alguien se despertara y viera al fallecido,  se espantara de muerte. Pero para sorpresa suya, una madrugada, cuando estaba sentando a un hombre muerto, éste se levantó de un solo tirón y mirándole a los ojos le dijo: -¿Por qué no me dejas descansar? El pícaro, del susto, se murió en ese mismo instante.
 
Lo que ocurrió sirvió de mucho a la comunidad. Enseñó que los hombres pícaros no deben burlarse ni de los vivos ni de los muertos.
 
 
 
 
1 Ángel Rueda Encalada (Otavalo: 1923-2015) fue un autodidacta que impulsó la modernización de la ciudad de Otavalo y logró cambios enormes para su ciudad, como la automatización de los teléfonos, la construcción del Banco de Fomento, la llegada del Banco del Pichincha, la edificación del Mercado 24 de Mayo, la construcción de la Cámara de Comercio, la reparación del templo El Jordán y la reconstrucción del Hospital San Luis. Por décadas fue benefactor de las escuelas Gabriela Mistral y José Martí. Fue fundador de varias instituciones de la ciudad, de donde desplegó su actividad a favor de la comunidad. Fue presidente de la Sociedad de Trabajadores México y del Club de Tiro y Pesca. Formó la Cámara de Comercio, trabajó para ella y fue su presidente vitalicio. (M. Esparza, presidente de la Cámara de Comercio de Otavalo, comunicación personal, julio 12, 2015).
 
 
 
Portadas:
Iglesia San Luis, Otavalo-Ecuador.

 

 

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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