Por: Profesora Alicia O. Jiménez

 

Hace muchos años, cuando San Gabriel era un pueblito pequeño, de calles tortuosas y casitas de paja, sus pobladores eran gentes buenas, trabajadoras, honradas y solidarias. Como no disponían de servicio eléctrico, al llegar la noche cerraban las puertas de su vivienda temprano y a la luz de velas de cebo o lámparas de kerosene, se reunía la familia alrededor de la tullpa en alegre tertulia donde se cantaba, se comentaban los sucesos del día y no faltaban los cuentos de aparecidos, duendes y anécdotas, hasta la llegada del sueño.

Como buenos vecinos se apoyaban en tareas agrícolas, como de mejoramiento de su solar nativo con las famosas mingas que realmente abrieron las puertas del progreso. Alegres, celebraban sus fiestas donde no faltaban las corridas de toros populares, con ganado prestado por los dueños de las haciendas aledañas. Las autoridades, se proveían de aguardiente que era igualmente donado y brindado a los asistentes, encendiendo el valor especialmente de los jóvenes y aficionados que se lanzaban al ruedo y junto con la banda del pueblo, ponían la nota alegre y a veces delirante de quienes, desde las barreras improvisadas, gozaban del espectáculo. No faltaban las colchas con que adornaban el lomo del animal y eran galardón para los improvisados toreros; tampoco las empanadas, hervidos y otros bocadillos como el ponche y los helados de hielo.

Se cuenta que las mejores corridas se dieron cuando entre el ganado prestado por la Familia Fernández Salvador, dueña de la hacienda El Vínculo, llegaba la vaca “Satírica” famosa por su bravura. De ella nació un ternerito negro, alegre e incansable en su deseo de mamar, por lo cual quedó con el nombre de MAMÓN. Tanto llegó a impresionar a sus dueños el animalito, que le dejaron crecer “suelto” junto a su madre. Conforme crecía, más se alejaba de ella y por las tardes recorría la hacienda; pero sus andanzas lo llevaron hasta San Gabriel ubicado a poca distancia. Desde entonces, todas las tardes al caer el sol, el Toro Mamón se dirigía a San Gabriel y en las noches recorría sus calles, retornando luego a su establo.

Los habitantes de este poblado se habían acostumbrado a su presencia y es más se sentían seguros. Pero ¡Ojo!... Nadie se atrevía a salir de su casa después de la puesta del sol y pobre de aquel borrachito que se lo encontraba en su camino, porque a más de ser duramente “trompeado”, ya tenía para narrar su aventura tantos días, cuántos necesitaba para su curación.

 

Portada: https://www.hisop.cat/es/animales/5618-ternero-negro-13880-4055744029530.html

 

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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